Conociendo los orígenes de la “historieta” (cómic) en España


El primer ejemplar se publicó en Cuba y su autor fue Víctor Patricio de Landaluze, un militar vasco afincado en la isla siendo aún española. Un poco más tarde y ya con continuidad, le siguieron la revista “EN PATUFET”, escrita en catalán y que apareció en 1904, a la que le siguió el semanario “MONOS”. Y en 1915 aparece la ya considerada como una, al cien por cien en su contenido, revista de historietas “DOMINGUIN”. Más tarde en 1906 se une a estas pioneras “GENTE MENUDA” un suplemento infantil del diario “ABC”.

Si bien fue con el “TBO”, aparecido en marzo de 1917, con quien se popularizan este tipo de publicaciones, hasta el punto de que ha dado el nombre genérico.

LOS PRIMEROS "CÓMICS" ESPAÑOLES

Las primeras revistas en aparecer en el mercado fueron: “En PATUFET” una revista infantil española, ilustrada y escrita en catalán, lo que limitó su área de venta, se publicó en Barcelona en una primera época entre 1904 y 1938, y en una segunda, entre 1968 y 1973. Pero que no estaba totalmente dedicada a la historieta.

Y la otra, el semanario humorístico ilustrado “MONOS”, de la misma época y publicado en Madrid, entre 1904 y 1908 por “El Liberal”.

Les siguió la revista infantil “DOMINGUIN”, publicada entre 1915 y 1916 por José Espoy. Se componía de cuatro páginas de gran formato (45 x 32 cm.) con una impresión muy cuidada y en color.

Su precio era de 10 cénti­mos, pasando a ser impresa en blanco y negro a partir del núm. 15, reducién­dose así su PVP a 5 céntimos.

En 1915 “Aventuras extraordinarias del Capitán Botalón” creado por Junceda. Inician los ciclos de la continuidad o seriados.

Tristemente a pesar de esta rebaja, sólo alcanzó los 20 números.

¡Que llega el “TBO”!

Más, es con el “TBO”, cuando se inicia la popularización de las historietas en España, fue una revista de historietas de periodicidad semanal que apareció en 1917. En sus inicios, salió al mercado con un precio de 5 céntimos; y estaba impresa en color azul.

Orientada claramente al público infan­til y juvenil, por lo cual se centró en el humor blanco. Se publicó, con interrupcio­nes, hasta 1998. Casi desde sus inicios y hasta 1983, fue editada por los socios con su “Editorial Buigas, Estivill y Viña”. 

“Editorial Bruguera”, su competencia, adquirió sus fondos en el 83, pese a estar en concurso de acreedores, la continuó editando en asociación con “Editorial Complot” hasta 1986, si bien salvo la ca­becera, cambió su contenido.

En ese año del 86, se suspendió la publicación, y al mismo tiempo que el resto de las revistas de la “Editorial Bruguera”, a causa de su quiebra total.

Tras el hundimiento de “Bruguera”, los derechos sobre “TBO” y sus personajes pasaron a ser propiedad de “Ediciones B”, que sacó al mercado nuevamente la revista (TBO) a partir de febrero de 1988. Colaboraron en esta etapa multitud de autores que crearon nuevas series y secciones de chistes. Se mantuvo un ritmo de publicación mensual hasta principios de 1996, fecha en la que desaparecieron las otras revistas de historietas que aún publicaba “Ediciones B”. Desde entonces “TBO” apareció sin periodicidad fija hasta septiembre de 1998, cuando finalizó la publicación de la histórica divulgadora de historietas.

La revista tuvo una gran importancia en la historia del cómic español, con perso­najes que han tenido una perpetuidad en nuestra mente, como: “Los grandes inventos del TBO” (dibujada por Nit, Benejam y otros), una sección que estaba presentada por un personaje ficticio, “El Profesor Franz de Copenhague”; por ella desfilaron los “planos secretos” para construir artilugios para las funciones más inverosímiles, como: «Un dispositivo para hacer vino con zapatos viejos». «El procedimiento para descargar mercan­cías con jirafa». «Como construir un coche salta-vallas». «Un aparato limpia-narices». «La manera de producir melones cuadrados», que hasta fue llevada a la práctica años más tarde por aficionados. «Aprender a construir un sombrero-jaula», etc. 

O la inconfundible: “La familia Ulises” (creada por el guionista Joaquín Buigas, director del semanario, y el dibujante menorquín Marino Benejam Ferrer), que apareció en sus páginas en 1945.

En sus viñetas se fueron contando historias banales de su vida cotidiana, similar a la de muchos.

El “TBO” logró aumentar su tirada de manera espectacular, de los 9.000 ejemplares de 1917, pasó escalonada y progresivamente, a los 350.000 de 1953. ■

Un artículo de la “Plumillas”

para Queseenteren