Mediante la fábula de “LA LECHERA Y LA JARRA DE LECHE”, vemos la evolución de las FÁBULAS DE ESOPO y sus versiones; desde su creación en el Siglo VI a.C. hasta la actualidad


Profundizamos en esta famosa fábula o composición literaria narrativa breve, en la que la protagonista es una lechera, y no animales que hablan y actúan como seres humanos, como suele ser más habitual en ellas. En la clasificación de A.T.U. corresponde al tipo 1430, sobre ensoñaciones interrumpidas de riqueza y fama.

La versión más antigua de esta fábula es del Siglo VI a.C.; cuando el griego Esopo la crea:

“LA LECHERA Y SU CUBO”

...Una lechera había salido a ordeñar las vacas y regresaba del campo con el brillante cubo de leche en equilibrio sobre su cabeza. Mientras caminaba, su bonita cabeza estaba ocupada con planes para los días venideros.

«Esta buena y rica leche», reflexionó, «me dará mucha crema para batir, la mantequilla que haga la llevaré al mercado, y con el dinero que obtenga compraré muchos huevos para incubar. Será bonito cuando hayan nacido todos y el jardín esté lleno de hermosos pollitos. Luego, cuando llegue el día de mayo, los venderé y con el dinero compraré un precioso vestido nuevo para lucir en la feria. Todos los hombres me mirarán. Vendrán y tratarán de cortejarme, ¡pero muy rápidamente los enviaré a ocuparse de sus cosas!»

Mientras pensaba en cómo resolvería ese asunto, sacudió la cabeza con desdén y el cubo de leche cayó al suelo. Y toda la leche se derramó fluyendo por el suelo, y con ella desaparecieron la mantequilla, los huevos, los pollitos, el vestido nuevo y todo el orgullo de la lechera.

Moraleja: “No cuente sus pollos antes de que nazcan”.

Este relato está incluido dentro de las “Fábulas de Esopo”, un grupo a él atribuidas, además de historias que circulaban antes de él de manera oral y con las mismas características. La primera compilación de las fábulas de Esopo, fue hecha por Demetrio de Falero en el siglo IV a. C., más de doscientos años después de la muerte de Esopo. Esta compilación se perdió, pero generó el nacimiento de innumerables versiones. La más importante es la compilación llamada “Augustana”, que fechan en el siglo I o II, que cuenta con más de 500 fábulas.

La lista de los autores que han “bebido” de sus fuentes es enorme, entre ellos: Fedro, fabulista latino del siglo I; Babrio, fabulista romano de lengua griega de los siglos II y III; Aviaos, poeta latino del siglo IV; Yalal ad-Din Rumi, místico y poeta persa del siglo XIII; María de Francia, poetisa del siglo XII y Jean de La Fontaine en el siglo XVII.

En el Siglo III a.C. el escritor indio Vishnú Sharma incluye en el “Panchatantra” una versión de ella:

“EL BRAHMÁN QUE ROMPIÓ LA OLLA DE BARRO”

...En cierto lugar vivía un brahmán llamado Svabhakripana, que tenía una olía llena de arroz que le habían dado de limosna. Colgó esta olla de un clavo de la pared, puso su cama debajo y pasó la noche mirándola sin quitarle la vista de encima, pensando así:

«Esta olla está completamente llena de harina de arroz. Si sobreviene ahora una época de hambre podré sacarle cien monedas de plata. Con las monedas compraré un par de cabras. Como estas crían cada seis meses, reuniré todo un rebaño. Después, con las cabras compraré vacas. Cuando las vacas hayan parido, venderé las terneras. Con las vacas compraré búfalas. Con las búfalas, yeguas. Cuando las yeguas hayan parido tendré muchos caballos. Con la venta de estos reuniré gran cantidad de oro. Por el oro me darán una casa con cuatro salas. Entonces vendrá a mi casa un brahmán y me dará en matrimonio a su hija hermosa y bien dotada. Ella dará a luz un hijo. Al hijo le llamaré Somasarmán. Cuando tenga edad para saltar sobre mis rodillas cogeré un libro, me iré a la caballeriza y me pondré a estudiar. Entonces me verá Somasarmán y, deseoso de mecerse sobre mis rodillas, dejará el regazo de su madre y vendrá hacia mí, acercándose a los caballos. Yo, enfadado, gritaré a la brahmana: “¡Coge al niño! ¡Coge al niño!” Pero ella, ocupada en las faenas, no oirá mis palabras. Yo me levantaré entonces y le daré un puntapié».

Tan embargado estaba en estos pensamientos, que dio un puntapié y rompió la olla, y él quedó todo blanco con la harina de arroz que había dentro y que le cayó encima.

Por eso digo yo: ”El que hace sobre el porvenir proyectos irrealizables se queda blanco coma el padre de Somasarmán”.

EL PANCHATANTRA

Es una colección de fábulas en idioma sánscrito, en prosa y verso, cuyos manuscritos más antiguos datan del siglo XI, pero que se cree compuesto varios siglos antes, entre el siglo III a. C. y el siglo III d. C.. Se le atribuye al escritor indio Vishnú Sharma. El Panchatantra probablemente se “nutrió” de las Fábulas de Esopo (del siglo VI a. C.), pues tiene muchas fábulas en común.

El texto consiste en la ilustración antropomórfica de los cinco principios más importantes del rāja nīti (ciencia política) a través de los animales. Los cinco principios ilustrados son:

*Mitra bheda (como dividir a los amigos).

*Mitra lābha (cómo ganar amigos).

*Suhrid bheda (disensión con la amada).

*Vigraha (separación).

*Sandhi (unión).

El Panchatantra alcanzó su forma actual entre el 300 y el 400 d. C. Hacia el 570 fue traducido al pahlavi (persa literario) y luego al sirio.

En el siglo VIII, Al-Muqaffa lo tradujo del persa al árabe, creándose la colección “Kalila wa-Dimna” que se difundió por toda Europa.

Fue exportado en forma oral y escrita a China, Indonesia y el sudeste de Asia por monjes budistas. Los viajeros llevaron sus historias a Persia, Arabia, y en el siglo IX a Grecia; y de ahí de nuevo a Europa.

En el siglo XII se tradujo al hebreo. Esta traducción se considera la fuente de la mayor parte de las versiones europeas.


En 1251, el rey español Alfonso X (aún infante) mandó traducir el texto árabe al castellano, pasando a ser conocido como “Calila e Dimna”, que incluye:

“EL RELIGIOSO QUE VERTIÓ LA MIEL Y MANTECA SOBRE SU CABEZA”

Dijo la muger: «Dicen que un religioso había cada día limosna de casa de un mercador rico, pan e miel e manteca e otras cosas de comer. Et comía el pan e los otros comeres, e guardaba la miel e la manteca en una jarra, e colgóla a la cabecera de su cama, fasta que se finchó la jarra. Et acaesció que encaresció la miel e la manteca, et estando una vegada asentado en su cama, comenzó a fablar entre sí et dijo así: “Venderé lo que está en esta jarra por tantos maravedís, e compraré por ellos diez cabras, e empreñar se han, e parirán a cabo de cinco meses”. Et fizo cuenta desta guisa, e falló que fasta cinco años montaban bien cuatrocientas cabras. Desí dijo: “Vender las he e compraré por lo que valieren cient vacas, por cada cuatro cabras una vaca, et habré simiente, e sembraré con los bueyes, et aprovechar me he de los becerros e de las fembras e de la leche, et antes de los cinco años pasados habré dellas e de la leche e de las mieses algo grande, et labraré muy nobles casas, e compraré esclavos e esclavas; et esto fecho, casarme he con una muger muy fermosa e de grant linaje e noble, empreñar se ha de un fijo varón complido de sus miembros, e poner lo he muy buen nombre, e enseñar le he buenas costumbres, e castigar lo he de los castigos de los reyes e de los sabios, et si el castigo e el enseñamiento non rescibiere, ferir lo he con esta vara que tengo en la mano muy mal”.

Et alzó la mano e la vara, en diciendo esto, e dio con ella en la jarra que tenía a la cabecera de la cama, e quebróse, e derramose, la miel e la manteca sobre su cabeza».

“Et tú, homne bueno, non quieras fablar nin asmar lo que non sabes que será”.

CALILA E DIMNA

“Calila e Dimna” es una colección de unos setenta relatos morales o apólogos de origen hindú fechada hacia 1251, cuando Alfonso X el Sabio, y siendo aún un infante, ordenó traducirla al castellano. “Calila y Dimna”, llamada así por los nombres de dos chacales, es una obra de literatura sapiencial en la que se narran cuentos y apólogos (en especial fábulas) para ejemplificar conductas morales. Una gran parte de los cuentos narrados tienen que ver con estos dos chacales. El origen hindú de estos cuentos se data entre los años 500 y 100 a. C.

La obra es también una compilación de máximas de los sabios de la Antigüedad, redactadas en muchas lenguas y legadas a sus hijos; admiradas en los siglos posteriores. En sus cuentos y fábulas (que los árabes atribuían a sus propios poetas esópicos, personajes como Bidpai, por otros nombres Pilpay, Baldaba o Sendebar, o a Locman el Sabio) se palpa una sabiduría práctica y se aprende cómo vivir y cómo hablar.

Su materia narrativa procede de la literatura oriental, pues traduce fielmente el texto árabe del “Kalila wa Dimna”, que a su vez es la traducción que el iraní Ibn Al-Muqaffa hizo al árabe del texto en el siglo VIII, de donde se difundió por toda Europa. Y éste por su parte procede del “Panchatantra” hindú.

En el año 570 fue traducida al pahlavi (o persa literario) y pocos años más tarde al sirio.

En 1335 el Infante Don Juan Manuel acaba el “Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio”, en el que incluye este capítulo:

“DE LO QUE ACONTECIÓ A UNA MUJER QUE LE DECÍAN DOÑA TRUHANA”

...Otra vez estaba hablando el Conde Lucanor con Patronio de esta manera:

—Patronio, un hombre me ha propuesto una cosa y también me ha dicho la forma de conseguirla. Os aseguro que tiene tantas ventajas que, si con la ayuda de Dios pudiera salir bien, me sería de gran utilidad y provecho, pues los beneficios se ligan unos con otros, de tal forma que al final serán muy grandes.

Y entonces le contó a Patronio cuanto él sabía. Al oírlo Patronio, contestó al conde:

—Señor Conde Lucanor, siempre oí decir que el prudente se atiene a las realidades y desdeña las fantasías, pues muchas veces a quienes viven de ellas les suele ocurrir lo que a doña Truhana.

El conde le preguntó lo que le había pasado a esta.

—Señor conde —dijo Patronio—, había una mujer que se llamaba doña Truhana, que era más pobre que rica, la cual, yendo un día al mercado, llevaba una olla de miel en la cabeza. Mientras iba por el camino, empezó a pensar que vendería la miel y que, con lo que le diesen, compraría una partida de huevos, de los cuales nacerían gallinas, y que luego, con el dinero que le diesen por las gallinas, compraría ovejas, y así fue comprando y vendiendo, siempre con ganancias, hasta que se vio más rica que ninguna de sus vecinas.

Luego pensó que, siendo tan rica, podría casar bien a sus hijos e hijas, y que iría acompañada por la calle de yernos y nueras y, pensó también que todos comentarían su buena suerte pues había llegado a tener tantos bienes aunque había nacido muy pobre.

Así, pensando en esto, comenzó a reír con mucha alegría por su buena suerte y, riendo, riendo, se dio una palmada en la frente, la olla cayó al suelo y se rompió en mil pedazos.

Doña Truhana, cuando vio la olla rota y la miel esparcida por el suelo, empezó a llorar y a lamentarse muy amargamente porque había perdido todas las riquezas que esperaba obtener de la olla si no se hubiera roto. Así, porque puso toda su confianza en fantasías, no pudo hacer nada de lo que esperaba y deseaba tanto.

Vos, señor conde, si queréis que lo que os dicen y lo que pensáis sean realidad algún día, procurad siempre que se trate de cosas razonables y no fantasías o imaginaciones dudosas y vanas. Y cuando quisiereis iniciar algún negocio, no arriesguéis algo muy vuestro, cuya pérdida os pueda ocasionar dolor, por conseguir un provecho basado tan sólo en la imaginación.

Al conde le agradó mucho esto que le contó Patronio, actuó de acuerdo con la historia y, así, le fue muy bien.

Y como a don Juan le gustó este cuento, lo hizo escribir en este libro y compuso estos versos:

«En realidades ciertas os podéis confiar,

mas de las fantasías os debéis alejar».

"EL CONDE LUCANOR"

De las cinco partes en que está compuesto el libro, cabe destacar la que recoge 51 exemplas o cuentos moralizantes procedentes de Esopo y otros clásicos, de cuentos tradicionales árabes.

Algunos tienen similitudes con cuentos tradicionales japoneses, y éste que hemos visto de la historia de una mujer llamada “Doña Truhana”, Cuento VII; se ve claramente que su procedencia es del mencionado anteriormente “Panchatantra”.

Al igual que sus “ancestros” y “parientes”, de los que mama sus fuentes, mantiene el propósito de ser un libro didáctico y de transmisión moral.

Paralelamente a esta publicación mencionada de “El Conde Lucanor” y varios años antes; como consecuencia de las traducciones que se realizaron del “Panchatantra”al´persa, árabe, al hebreo y latín, entre otros idiomas, y que fueron las fuentes para la propagación de estas fábulas por toda Europa.

Una versión de ellas aparece en 1482, cuando Nicolás de Pergamón en su obra “Dialogus creaturarum moralisatus”. Publica una versión de la fábula “El Brahman que rompió la olla” (que hemos visto antes). Y que a su vez “tomó prestada” de un exemplum incluido en “Sermones vulgares” de Jacques de Vitry publicado en 1240.

Y siguiendo el hilo, años más tarde de la edición de Nicolás de Pergamón. En 1558 el autor Bonaventure des Périers publica la fábula similar pero con el largo título de:

”Comparación de los alquimistas con la buena mujer que llevó un guiso de leche al mercado”.

(Veamos el final):

«...Maravillosamente encantada y encantada con este ensueño interior, y pensando en la gran alegría que tendría si su marido la llevara a la iglesia a caballo, exclamó:” ¡Vamos! Vamos ! Mientras decía esto, golpeó el suelo con el pie, creyendo que estaba espoleando al caballo; pero su pie resbaló; ella se cayó a la zanja y toda su leche se derramó».

Y aquí es donde se produce un relanzamiento de las fábulas...

Jean de La Fontaine entre 1668 y 1694, con su “Colección de Fábulas” las renueva y revitaliza...

...Y lo hace practicando a su manera un estilo que traduce por escrito la ironía espiritual y mundana de las conversaciones del vivir. No duda en tomar un registro metalingüístico y dirigirse directamente a su lector.

Este peculiar estilo lo refleja dentro de estas tres colecciones que reúnen 243 fábulas alegóricas, que no se basan únicamente en la fuente de Esopo.

La Fontaine hizo un trabajo de adaptación de todo tipo de textos antiguos con valor moral, en parte de una de las primeras traducciones al francés realizadas en 1610 por el suizo Isaac Nicolas Nevelet.

Es ésta suma de la literatura clásica griega y latina, que cuenta con 199 que La Fontaine utilizó para reescribir ciertas fábulas de Esopo, como “La cigarra y la hormiga“, pero también las fábulas de Fedro, de Abstemio, de Babrius, de Gabriele Faerno, de Flavius Avianus, de Aphthonios, de Giovanni Verdizotti, textos de Horacio, de Livio y letras apócrifas de Hipócrates. Adaptaciones aplicadas en su primera colección.

En la segunda colección de fábulas se abre a la tradición india, como bien deja aclarado La Fontaine citando a “Pilpay” el autor al que se atribuye el “Panchatantra” en la Europa del siglo XVII, aunque su existencia no está probada. El nombre “Pilpay” se deriva de “Bidpai”, que se encuentra en la versión árabe, pero no en el original indio de este libro.

Comentar que La Fontaine también se basó en la herencia de su propio país.

Inspirándose, por ejemplo, en “Ysopet”, una Colección de fábulas esópicas traducidas y adaptadas al francés de una versión inglesa hecha por Marie de France en el siglo XII. Además de “El Roman de Renart”, un conjunto de cuentos de animales medievales, que sin duda sirvió como fuente para sus fábulas, siendo algunas historias comunes entre los dos, como “El lobo y el zorro".

...Y en este “pupurri” por supuesto que no faltó su peculiar versión de esta fábula.

Pintura de JEAN BAPTISTE HUET (1626).

Versión que, para una mejor apreciación de la rima, que desaparece al traducir la fábula; sustituimos por la versión de otro gran fabulista, pero en esta caso español Félix María de Samaniego (Laguardia, Álava, 1745-1801 ) un escritor de ascendencia noble, famoso por sus fábulas, de tono aleccionador mediante moralejas. La influencia de su educación francesa se advierte en la única obra por la que lo conocemos: “Las Fábulas en verso castellano para el uso del Real Seminario Bascongado” (1781); 157 fábulas distribuidas en 9 libros, en las que se manifiesta la procedencia e influencia de La Fontaine.

“LA LECHERA”

de Félix María Samaniego

 «Llevaba en la cabeza

una lechera el cántaro al mercado

con aquella presteza,

aquel aire sencillo, aquel agrado

que va diciendo a todo el que lo advierte:

¡”Yo sí que estoy contenta con mi suerte!”

Porque no apetecía

más compañía que su pensamiento,

que alegre, le ofrecía

inocentes ideas de contento;

marchaba sola la feliz lechera

y decía entre sí de esta manera:

“Esta leche vendida,

en limpio me dará tanto dinero,

y con esta partida

un canasto de huevos comprar quiero,

para sacar cien pollos que al estío

me rodeen cantando el pío, pío.

Del importe logrado

de tanto pollo, mercaré un cochino;

con bellota, salvado,

berza, castaña, engordará sin tino;

tanto, que puede ser que yo consiga

ver cómo se le arrastra la barriga.

Llevárelo al mercado;

sacaré de él sin duda buen dinero;

compraré de contado

una robusta vaca y un ternero,

que salte y corra toda la campaña,

hasta el monte cercano a la cabaña.”

Con este pensamiento

enajenada, brinca de manera

que, a un salto violento,

el cántaro cayó. ¡Pobre lechera!

¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,

huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.

¡Oh, loca fantasía,

qué palacios fabricas en el viento!

Modera tu alegría;

no sea que saltando de contento,

al contemplar dichosa tu mudanza,

quiebre su cantarillo la esperanza.

No seas ambiciosa

de mejor o más próspera fortuna;

que vivirás ansiosa,

sin que pueda saciarte cosa alguna.

No anheles impaciente el bien futuro:

mira que ni el presente está seguro».

Un reportaje de “El Anticuario para Queseenteren”