Recordando las enseñanzas, por medio se sus fábulas (Esopo), de unos seres Antropomórficos muy especiales, ellos son: el zorro, el árbol, el pececillo, los gallos...
Las fábulas de Esopo, o "Aesópica", son una colección de fábulas atribuidas a Esopo, un esclavo y narrador que vivió en la antigua Grecia entre los años 620 y el 564 a.C.
De orígenes variados e inciertos, las historias asociadas a su nombre, han llegado hasta nuestros días a través de diversas fuentes y, continúan siendo reinterpretadas aún en la actualidad.
Las fábulas formaban parte de la tradición oral, así, la primera compilación de las fábulas de Esopo se la debemos, doscientos años después de Esopo, a Demetrio de Falero; más tristemente esta compilación se perdió en el tiempo.
Si bien, de élla se generaron múltiples versiones, siendo la más popular la conocida como "Augustana".
El proceso de incorporación ha continuado hasta la actualidad, con algunas fábulas no registradas antes de la Baja Edad Media y otras procedentes de fuera de Europa, probablemente de la cultura "hindú".
Os proponemos que le dediquéis un poco de vuestro a tiempo, a la lectura de 5 de estas fábulas; y saquéis vuestras conclusiones con sus "Moralejas". Las hemos completado con unas "bellísimas" ilustraciones creadas por el estadounidense MILO WINTER...
«El Zorro y las Uvas»
o «Como pasamos de desear a despreciar, aquello que no logramos alcanzar”
Un día, un zorro vio un hermoso racimo de uvas maduras que colgaban de una enredadera a lo largo de las ramas de un árbol.
Las uvas parecían a punto de estallar con su jugo, y al Zorro se le hizo la boca agua mientras las miraba con nostalgia.
El racimo colgaba de una rama alta, a lo que el Zorro tuvo que saltar para alcanzarlo.
La primera vez que saltó se quedó muy alejado de él.
Así que se alejó una corta distancia y dio un salto corriendo hacia él, sólo para quedarse corto otra vez.
Lo intentó una y otra vez, pero fue en vano.
Agotado se sentó y miró a las uvas con disgusto:
“Qué tonto soy”, dijo. “Aquí estoy, desgastándome por conseguir un racimo de uvas agrias, por las que no vale la pena quedarse boquiabierto”.
Y se alejó con mucho, mucho desdén.
Moraleja:
Son muchos los que pretenden despreciar y menospreciar aquello que está fuera de su alcance.
«El Árbol de la Gran Copa (Sombra)»
o, “Si esperas que te agradezcan tus bendiciones, espera sentado a que lleguen...”.
Dos Viajeros, paseando bajo el sol del mediodía, buscaron la sombra de un árbol muy extendido gracias a su gran copa, que le hacía dar una gran zona de sombra que usaron para descansar.
Mientras yacían mirando hacia arriba entre las agradables hojas, vieron que aquel árbol era un platanero (de sombra).
“¡Qué inútil es el Platanero!”, dijo uno de ellos. “No da fruto alguno y sólo sirve para llenar el suelo de hojas”.
“¡Criaturas desagradecidas!”, dijo una voz desde el Platanero. “¡Tú yaces aquí, bajo mi refrescante sombra, y sin embargo dices que soy un inútil! ¡Así de ingratos, oh Júpiter, reciben los hombres sus bendiciones!”
Moraleja:
Nuestras mejores bendiciones suelen ser las menos apreciadas.
«El Pescador y el Pececillo»
o, “Más vale una moneda en la mano, que un tesoro en el fondo del mar”
Un pescador pobre, que vivía del pescado que pescaba, tuvo un día mala suerte y no pescó nada más que un pececillo muy pequeño.
El Pescador estaba a punto de ponerlo en su canasta cuando el Pececillo suplicó al pescador que, le dejara por el momento, en gracia de su pequeñez:
“Cuando sea mayor, podrás pescarme de nuevo, y entonces seré para tí de más provecho”, terminó el pececillo.
“¡Hombre!", replicó el pescador. "¡Bien tonto sería soltando la presa que tengo en la mano, para contar con la presa futura, por grande que sea cuando crezca".
Moraleja:
Una pequeña ganancia vale más que una gran promesa.
«Los Gallos de Pelea y el Águila»
o, “El pavonearse de los éxitos de uno mismo, suele ir acompañado de la caída”
Había una vez dos Gallos que vivían en el mismo corral y que no podían soportar verse el uno al otro.
Por fin, un día, volaron para luchar entre ellos, con pico y garras.
Pelearon hasta que uno de ellos fue golpeado y se arrastró hasta un rincón para esconderse.
El gallo que había ganado la batalla voló hasta lo alto el gallinero y, batiendo orgullosamente sus alas, cantó con todas sus fuerzas para contar al mundo su victoria.
Pero un águila, que volaba en círculos sobre sus cabezas, oyó al jactancioso cantor y, descendiendo en picado, se lo llevó a su nido.
Su rival vio el hecho y, saliendo de su rincón, tomó su lugar como dueño del corral.
Moraleja:
El orgullo precede a la caída.
«El Viento del Norte y el Sol»
o, “La Persuasión es mejor que la Fuerza"
El Viento del Norte y el Sol se pelearon sobre cuál de ellos era más fuerte. Mientras discutían con mucho ardor y fanfarronería, pasó por el camino un Viajero envuelto en un manto.
“Estamos de acuerdo”, dijo el Sol, “en que el más fuerte será el que pueda despojar a ese Viajero de su manto”.
“Muy bien”, gruñó el Viento del Norte, y al instante lanzó una ráfaga fría y aullante contra el Viajero.
Con la primera ráfaga de viento, los extremos de la capa azotaron el cuerpo del Viajero.
Pero inmediatamente lo envolvió fuertemente a su alrededor, y cuanto más fuerte soplaba el viento, más fuerte lo apretaba contra él.
El Viento del Norte rasgó furioso el manto, pero todos sus esfuerzos fueron en vano.
Entonces el sol empezó a brillar.
Al principio sus rayos eran suaves, y con el agradable calor que había tras el intenso frío de Viento del Norte, el Viajero se desabrochó la capa y la dejó colgar holgada sobre sus hombros.
Los rayos del sol se volvieron cada vez más cálidos.
El hombre se quitó la gorra y se secó la frente.
Al final se acaloró tanto, que se quitó la capa y, para escapar del sol abrasador, se arrojó a la agradable sombra de un árbol al borde del camino.
Moraleja:
La gentileza y la amable persuasión ganan donde la fuerza y la bravuconería fracasan.
Un artículo del "Bibliotecario"
para Queseenteren


