“El Clavo”, escrita en 1853 por Pedro Antonio de Alarcón, es considerada el antecedente de la novela policíaca española
RESUMEN ILUSTRADO
PREVIO DEL ARTICULISTA...
Cuando era adolescente vi por la “tele” una reposición de una película antigua, de titulo: “EL CLAVO”, una película española de 1944, basada en la novela homónima de 1853, escrita por Pedro Antonio de Alarcón. La película fue dirigida por Rafael Gil y contó con la actuación de Amparo Rivelles, Rafael Durán, Juan Espantaleón, Milagros Leal y otros actores ya fallecidos.
Años más tarde, tuve la ocasión de poder volver a ver otra reposición y, en ambas ocasiones, siempre me impresionó, lo que más, aparte de la película en sí, fue la trama de la historia.
Me propuse entonces que, cuando tuviese un momento, tenía que comprar la novela y leer la versión de su autor, el Sr. ALARCÓN.
Y así lo hice unos años más tarde. Por una vez, la versión de la película estaba en bastante sintonía con la novela. Si nos olvidamos de la desaparición del personaje del narrador; que aparece en el “papel” pero no en el “celuloide”.
Y ahora en esta época, no podía faltar dicho relato, corto o breve, en este periódico cultural de “Queseenteren”, y aquí está.
No asuste su tamaño, pues la “trama” “engancha” y se lee en un “santiamén”.
He querido dar un homenaje a la película de Rafael Gil y he insertado dentro de esta lectura varios fotogramas de la filmación. Que os aconsejo que si tenéis ocasión la compréis o la alquiléis, pues aún está disponible en el mercado. Que he completado con unos dibujos de Primitio Carcedo, incorporadas en una edición de 1900 incluida en la “Biblioteca Mignon”.
¡Espero que disfrutéis con esta lectura como lo he hecho yo!
PEDRO ANTONIO DE ALARCÓN
Escribió esta novela cuando contaba con 20 años, en 1853.
Nuestro autor nació en Guadix (Granada) en 1833 y falleció en Madrid en 1891. Fue un novelista español, que culminó su carrera literaria como académico de la Real Academia Española desde 1877.
En su juventud fue un hombre de ideas anticlericales y antimonárquicas.
Y en esa etapa de su vida, hacia 1852, empezó a escribir relatos breves de rasgos románticos muy acusados.
Entre los que destaca el relato que veremos aquí, “El Clavo”; que es una novela breve de tema policiaco, basada en una causa real que circulaba en periódicos y revistas de la España decimonónica. Y que publicó en 1853, se reeditó en 1856, y la versión definitiva, que contiene algunas variaciones importantes, en 1880.
En 1881 se publicó dentro de su colección de “Cuentos amatorios”, que completó con las colecciones de “Historietas nacionales” (1881) y “Narraciones inverosímiles (1882).
Muchos de estos relatos los iremos viendo en este periódico cultural “Queseenteren”.
A “El Clavo” se le considera el primer antecedente del género policiaco en España.
En esos años fue director del periódico satírico “El Látigo”, y más tarde participó en la guerra de África, experiencia que recogió en “Diario de un testigo de la guerra de África” (1859).
A su regresó de la guerra, experimentó un giro hacia una postura católica y más conservadora.
Que de alguna manera se reflejan en sus magestuosas creaciones, como: “El sombrero de tres picos” (1874); de la que Manuel de Falla publicó el ballet homónimo en 1919.
Además de novelas como “El escándalo” (1875), “El niño de la bola” (1878). “La pródiga” (1880) y “El capitán Veneno” (1881). En definitiva, fue un escritor prolífico...
El abogado Stryver considera proponerle matrimonio a Lucie, y acude a visitar a Lorry, el banquero, para pedirle consejo. Pero Lorry lo disuade de la idea. Con lo que nada obstaculiza para que Lucia y Darnay se desposen.
En Londres, Darnay le pide permiso al Dr. Manette para casarse con Lucie.
Más ocurre que el abogado Carton también le confiesa su amor a Lucie, aun sabiendo que ella no le ama. Ausencia de amor hacía él que le confirma Lucie. A pesar del rechazo, Carton promete «...abrazar cualquier sacrificio por ti y por tus seres queridos».
El día de la boda con Lucía, Charles Darnay le confiesa al padre de su futura esposa, el Dr. Manette, que su verdadero apellido es Saint Evremont y que es el último descendiente de aquella familia aristocrática y asesina, pero que reniega de serlo.
A medida que pasa el tiempo en Inglaterra, Lucie y Charles comienzan a formar una familia, un hijo (que muere en la infancia) y una hija, la pequeña Lucie. Lorry (el banquero) encuentra un segundo hogar y una especie de familia con los Darnays.
Stryver (el abogado) se casa con una viuda rica con tres hijos y se vuelve aún más insoportable a medida que sus ambiciones comienzan a realizarse.
Carton (el otro abogado), a pesar de que rara vez lo visita, es aceptado como un amigo cercano de la familia y se convierte en el favorito especial de la pequeña Lucie.

El siguiente pasaje registra los principios de superioridad aristocrática del marqués:
«La represión es la única filosofía duradera. La oscura deferencia del miedo y la esclavitud, amigo mío», observó el marqués, «mantendrá a los perros obedientes al látigo, siempre...»
Esa noche, Gaspard (el padre del niño arrollado por el carruaje del Marqués), que siguió al marqués hasta su castillo subido en la parte inferior del carruaje, lo apuñala y lo mata mientras duerme. Dejando una nota en el cuchillo que dice: «Llévalo rápido a su tumba. Esto, de parte de JACQUES».
Después de casi un año huido, lo atrapan y lo ahorcan sobre el pozo del pueblo.

En julio de 1789, los Defarge ayudan en el asalto a la Bastilla, símbolo de la tiranía real. Defarge entra en la antigua celda del Dr. Manette, "Ciento cinco, Torre Norte", y la registra a fondo.
En todo el país, los funcionarios locales y otros representantes de la aristocracia son sacados de sus casas para ser asesinados, y el castillo de St. Evrémonde se quema hasta los cimientos.

LIBRO TERCERO:
El rastro de una tormenta
(Otoño de 1792).
Dos años después, Charles Darnay debe ir a París para salvar a uno de sus servidores que ha sido injustamente acusado.
Pero al llegar a París es tomado prisionero, sin derechos, debido a una ley que condena a todos los emigrados a la pena de muerte si regresan a Francia, y conducido a la prisión por el tabernero Defarge, el antiguo sirviente de su suegro, el Dr. Manette; quien es ahora uno de los líderes.
Charles es juzgado, junto con miles de personas inocentes que son decapitadas diariamente en Francia, pero gracias a su suegro el doctor Manette (considerado héroe civil por haber sido preso en la Bastilla), es liberado.

Sin embargo, horas más tarde, Darnay es nuevamente capturado y encarcelado, sin que el doctor Manette pueda hacer nada para ayudarlo.
Defarge ha denunciado a Darnay y en el juicio, revela el rollo de papeles que encontró en la prisión de la Bastilla, en el que el doctor Manette revelaba haber sido llamado por los Saint Evremont para curar a una niña, a cuya familia habían asesinado. Cuando el doctor Manette se lo contó a las autoridades, los Saint Evremont lo secuestraron, encerrándolo en la prisión por 15 largos años.

Desde ese día, el doctor Manette juró acabar hasta con el último de los culpables de su desgracia: los Saint Evremont, y lo dejó escrito en aquella carta. Denunciado por el padre de su esposa y suegro, Darnay es encarcelado, para morir en la guillotina dentro de 24 horas.
Lucía (Lucie) se desmaya después de hablar con su esposo y es ayudada por el abogado Carton, quien ha presenciado todo y, ahora le recuerda la promesa que le hizo: la promesa de dar su vida en cualquier momento, por ella, o por alguien a quien ella amara.
Hecho esto, Carton se dirige disfrazado a la taberna de Defarge, donde escucha una reveladora conversación entre Defarge y su esposa.
Entonces se descubre que ella era aquella niña sobreviviente de la masacre y que su odio profundo hacia los Saint Evremont la llevaba a vengarse hasta del último de sus descendientes.

Después de oír esto, el abogado Carton ve entrar a uno de los que acusó a Charles Darnay, y lo chantajea diciéndole que, si le deja entrar a la prisión donde está Darnay, él no lo acusará con las autoridades por ser un doble espía entre las dos ciudades (París y Londres).
El espía acepta, y luego Carton vuelve con Lorry y el doctor Manette, que no pueden hacer nada para ayudar a Charles.
Carton le dice al señor Lorry (el banquero) que siga sus instrucciones sin preguntar nada, y le da un salvoconducto que permite al doctor salir de París con su hija y nieta. Luego le da otro salvoconducto que está a nombre de Sidney Carton y le pide que él y los demás lo esperen al día siguiente a las 2 de la tarde para irse juntos de París antes de las ejecuciones.

Al salir, el abogado Carton echa una última mirada a la ventana del cuarto de Lucía y, al día siguiente, se dirige al lugar donde está encerrado Charles Darnay. Al entrar, cambia sus ropas con las de Charles, suplantando así su personalidad; luego lo deja inconsciente y le dice al espía que le diga a los guardias que el abogado Carton se ha desmayado al ver al prisionero, y que se lo lleven adonde lo esperan el señor Lorry, el doctor Manette y su hija.
Las horas transcurren lentas y fúnebres, hasta que Carton oye que todos los calabozos se abren y es llevado a la sala donde están todos los condenados a muerte, desde el rico propietario de 50 años a quien sus riquezas no lo pueden salvar, hasta la costurerita de 16 años, a quien su oscuridad y pobreza no pueden evitarle la muerte. Carton hace amistad con ella y la niña queda admirada ante la valentía de ese hombre, que va a entregar la vida para darle una mejor a las personas a quienes quiere.
Mientras el señor Lorry (el banquero), el doctor Manette y su nieta abandonan París, Lucía descubre que el hombre que está desmayado en la parte trasera del carruaje no es el abogado Sidney Carton, sino su esposo, Charles Darnay. Al comprender todo, «rompe a llorar de desesperación y de esperanza, de terror y de gratitud».

Campesinos, elegantes señoras y todo tipo de público, se divierten presenciando las 52 ejecuciones de esa tarde, todos maldiciendo al supuesto Charles Darnay, que sostiene la mano de la costurerita todo el tiempo, incluso al acercarse a la guillotina, que comienza a funcionar. El momento se acerca más y más, Carton y la costurerita se besan en la boca (deseando reunirse en el más allá) y luego la pequeña emprende el viaje eterno, seguida de Sidney Carton, quien en sus últimos momentos, ve pasar el futuro de las personas por las que ha dado su vida.
FIN DEL RESUMEN DE LA NOVELA.
Todas las ilustraciones son de Phiz (Hablot K. Browne), excepto la última que es de John McLenan.
Un reportaje de “Matusalem”, en exclusiva para Queseenteren.



