“QUERIDO CHATO”

PRÓLOGO

Una novela que te hará revivir, o conocer, como vivíamos con Franco


Como y que se enseñaba en los Colegios, que juegos practicábamos, como nos relacionábamos con nuestros vecinos, de que manera nos iban cambiando la vida los nuevos adelantos tecnológicos, que ocurrió con los perdedores de la guerra civil, que derechos legales tenían las mujeres, hacía donde emigraban los españoles, como actuaba la policía, como se trataba a los homosexuales, hasta cuanto influenciaba la Iglesia en nuestras vidas…

UNA SIMPÁTICA Y A LA VEZ TRISTE NARRACIÓN AUTOBIOGRÁFICA, QUE TE LLEVARÁ A ESOS AÑOS EN LOS QUE ESPAÑA ERA GOBERNADA POR FRANCISCO FRANCO.

En exclusiva por cortesía del Autor, veamos el octavo de sus Capítulos:  

1963. La Historia del “Nenico”. (6)

Capítulo 8

El "Nenico" fue un amigo de la infancia, que pese a los años que han pasado, en este capítulo se revive su jodida infancia, y el principal causante de esa "mala vida" que pasó hasta ser un avanzado adolescente fue su propio padre.

Si bien, vino a encontrar un "padre postizo secreto", en la persona de Don Juan, alias "El Cogito". Un exmilitar, héroe del bando Nacional durante nuestra "Guerra Civil", con el que mantuvo más de una persecución, pero en estos casos, simuladas...


¿Es compatible ser compañero de juegos y de aventuras, pero no amigo?, está claro que sí. Depende de los méritos que consideremos debe reunir alguien, para poder ser considerado como tal. Pues este era el caso de mi vecino Francisco, alias el “Nenico”. Que es la correspondencia para denominar en murciano a un niño.

Pues eso, digamos que, sin ser amigos, el “Nenico” y servidor éramos “compinches”.

Era un niño de mi edad, yo creo que hasta nacimos el mismo día, mes y año, si bien en su caso, él era el mayor de su familia de tres hermanos. Después de él habían venido a este mundo dos chicas, Julia y Leticia, esta última era como la doble de Olivia, la novia de “Popeye el marino”; no sólo tenían un nombre parecido, sino que además eran igual de delgadas o “esmirriadas”.

Olivia Olivo, la novia del popular marinero "Popeye".

—¡Leticia que te vas a “colar” por la alcantarilla!

La voz maldita de uno de los vecinitos de la familia murciana, por supuesto que esta maldad en su advertencia procedía de otro niño de pocos años.

—¡La puta de tu madre se caerá primero!

Así de adelantada, en los años a los que me estoy refiriendo, era Leticia en sus contestaciones, y sólo contaría con 4 años. Los tres hermanos se llevaban sólo un año de diferencia, algo frecuente en aquellos años.

No sé cómo logró sobrevivir nuestro “Nenico”, y no es porque tuviera ninguna enfermedad. Me refiero a las palizas de “órdago”, en que acabaron convirtiéndose, las que empezaron como unos ligeros azotes en su trasero; que le daba su padre.

No había semana, que el mozalbete no hiciera la escapada de su casa corriendo, tras el “correcaminos” y persiguiéndole, iba su padre, Paco (Francisco también).

Al principio sin nada, y al pasar los años, añadió en sus persecuciones una larga correa envuelta en su mano, con la que quería dar un castigo al díscolo niño.

Esta fue una de esas “cacerías”, cuando ya contaba el mozalbete los ocho años:

—¡No me vas a coger! —para él llegó a convertirse aquella persecución en un macabro juego, que solía siempre acabar mal para el corredor.

—¡Ya lo creo que sí, Francisco! —el verdadero nombre del “Nenico”—, en algún momento te pararás, ¡y si no, cuando regreses a la casa!

Predicción cumplida, el “Nenico” se cansó y paró. Su padre, un hombre de unos noventa o cien kilos, lo asió por el jersey, el niño poco debía pesar, y lo condujo a rastras y sin ninguna dificultad, hacia su sala de tortura, su propia casa. Desde la calle podías oír las lamentaciones del niño al recibir los correazos:

—¡Aaag! ¡Para ya papá, me haces daño!

—¡RASSS, RASSS…!

—¡Ay, ay…!

—¡Y más que te haré maldito, no sé a quién coño has salido!

—¡RASSS…!

—¡Déjalo, lo vas a matar! —le gritó a su marido Encarna, solicitando que interrumpiera la paliza que le estaba dando.

Tristemente este castigo corporal que se nos hacía a los niños, tanto por parte de determinados padres, como también por casi todos los maestros; formaba parte de la educación y maneras de vivir de aquellos años. Siempre he tenido bien claro que era una manera de liberar sus frustraciones y complejos por parte de los agresores, y que tenían “incrustados” en sus jodidos caracteres.

Ilustración de J. Williamson publicada en una edición de 1927 de la novela “OLIVER TWIST” del Maestro CHARLES DICKENS. Pese a haber pasado más de un siglo desde su creación, algunas costumbres narradas en esta obra aún prevalecían en la España de 1963.

Al cabo de varios días, desaparecían en parte los efectos visibles de los correazos, y nuestro “Nenico” recuperaba, como potro salvaje que era, su vitalidad.

Yo siempre lo vi en determinadas horas del día corriendo, tanto a los cinco años como a los trece. Cuando un día, a esos años, el mozalbete decidió pararse, y como un perro acorralado, en esta ocasión decidió hacerle frente; nosotros un grupo de unos cuatro niños, mejor ya, mozalbetes, estábamos cerca del encuentro:

—¡Ya estoy cansado de tus palizas!

El “Nenico” rápidamente cogió una buena piedra y sin esperarlo el padre, le golpeo con ella el “melón”.

—¡Toma cabrón! —¡CRASSS! —sonó fuerte el golpe…

—¡Maldito zagal, hijo de puta! ¡Me has roto la cabeza!

Ese día los papeles se habían cambiado, y el ahora agresor no hizo ningún ademán de ayudarle, se mantuvo lo más alejado posible de su padre; pero lo suficientemente cerca como para no perderle de vista, por si acaso...

Paco, el padre, no paraba de sangrar, con un trapo que no sé de dónde sacó, se tocaba la herida de la cabeza; intentando frenar la salida de la sangre, al mismo tiempo que echaba maldiciones del hijo. Ni de asomo ninguno de nosotros le prestó ayuda. Pasados unos minutos más, el padre se medio recuperó y cogió la ruta de regreso a su casa, sin dirigirle la palabra a su hijo.

Al cabo de unos minutos, el valiente muchacho, también cogió camino hacia ella. Cuando llegó, extrañamente no se oyeron las acostumbradas voces elevadas de tono, ni las lamentaciones del joven.

Debió de ser un milagro, o simplemente la mala leche y valor que le echó el “Nenico”, lo que provocó que su padre ya nunca más le persiguiera.

Pero hubo más novedades, resulta, según contó una vecina, que la madre de nuestro amigo, la Encarna, a raíz de aquel día en el que el mozo se enfrentó a su padre; le echó “ovarios” y también se encaró al maltratador, por una vez defendiendo con brío a su hijo y a ella misma, pues “correazos” también los recibía ella. Su marido Paco cambió los “humos” y apalancó la mala leche. Esto de pensar que su mujer una noche le "pinchara" la barriga, que fue la amenaza que le hizo la Encarna, lo inquietaba lo suficiente como para controlar su mal genio. Este tipo de amenaza siempre funcionaba, despierto el agresor era consciente de su mayor fortaleza física; pero cuando uno está durmiendo, hasta la persona más débil puede manejar un arma blanca con destreza:

—¡CHIM, CHIM, CHIIIMMM…! ¡RAAAS! ¡RAAASSS!

—¡Ahora si está afilado el cuchillo! ¡Ha cortado la hoja de papel finamente!


DON JUAN “EL COGITO”

...Castigos aparte, el “Nenico ” era un cabroncete, recuerdo que años atrás, en una casa pegada a la suya vivía el “Cojito”, un personaje que yo ya conocía de acompañar a mi madre a “pincharle”. Con este apodo conocíamos a un hombre que a nosotros nos parecía mayor, si bien no lo era tanto. Le faltaba una pierna que había perdido en nuestra guerra civil. más en concreto, durante la famosa “Batalla del Ebro”.

La empinada escalera de acceso a nuestro primer piso, era de obligado paso para acceder a él.

LA BATALLA DEL EBRO.— Fue una batalla librada durante la guerra civil, que se desarrolló durante los meses de julio a noviembre de 1938. Y en la que más combatientes participaron, la más larga y una de las más sangrientas de toda la guerra (20.000 muertos y más de 70.000 heridos entre ambos bandos) y una de las más largas (114 días de enfrentamientos) durante la contienda.

Tuvo lugar en el cauce bajo del valle del Ebro, entre la zona occidental de la provincia de Tarragona (Tierra Alta) y en la zona oriental de la provincia de Zaragoza (Mequinenza).

La del Ebro es conocida por ser una de las batallas más decisivas que tendría la guerra, de hecho, fue la que más peso tuvo; acabando decidiendo quiénes iban finalmente a ganar la guerra civil, inclinando la balanza hacia el bando sublevado. Tras su finalización, y cuatro meses después de que cayera Cataluña; finalizó la contienda el 1 de abril de 1939. —\—.

...El hombre se había hecho fabricar un artilugio “tuneado”, que era como una silla sujeta sobre una plataforma, en una especie de bicicleta convertida en carrito, o más bien como un triciclo. Los discos y la cadena habían sido rectificados, permitiendo por mediación de unas manivelas, darle vueltas a uno de ellos (disco) con las manos y trasladar la tracción a las ruedas traseras. Con este invento consiguió tener autonomía en sus desplazamientos.

Pues bien, no tenía otra ocurrencia el “Nenico” de los cojones, que quitarle el carrito que dejaba aparcado en la acera del portal de su casa, y salir a toda velocidad con él. Tampoco es que pudiera correr mucho aquel engendro.

—¡ZASCH! ¡RUM RAM, RAM RUM…! —Arrancó manualmente el imaginario motor.

Francisco Bahamontes participando en la Edición del "Tour de Francia" de 1960.

—¡Soy “Bahamontes”! —un famoso ciclista español de aquellos años—, ¡voy a ganar esta etapa! —Era la fantasía del “ladrón de bicicletas (triciclos)”.

Tenía una práctica extraordinaria dándole vueltas a la manivela, y además gritando para que todos nos enteráramos de su hazaña. El primero que lo hacía era el anciano, de nombre Don Juan (el “Cogito”), que apoyado en dos muletas salía tras el ladrón, ni de asomo lo alcanzaba:

—¡Ven aquí demonio, que me vas a joder el carrito!

—¡Unas vueltas más y se lo devuelvo Don Juan!

—¡Si tuviera aquí una pistola te pegaba dos tiros, puto demonio!

Cuando el “Nenico” se cansaba regresaba y, como un rayo lo volvía a colocar donde lo sustrajo. Al viejo no le daba tiempo a pillarlo.

Yo creo que en el fondo al “Cojito” le gustaba el juego, pues jamás lo denunció, y conocedor de cómo se las gastaba su padre, nunca acudió a quejarse de los robos.

Cuando teníamos unos nueve años, allá por 1966, el juego con el militar cesó.

Un día en frente de su casa, el “Nenico” estaba agachado y llorando a grito pelado; como era mi colega de juegos me acerqué a darle consuelo, pensé que los llantos eran por otra de las palizas de su padre. Pues no, los llantos eran porque se había enterado del fallecimiento del dueño del carrito, Don Juan, no sabíamos de qué había muerto; ya no lo veríamos más, ni a él, ni al famoso y original carrito.

Lo más parecido que he encontrado es este triciclo que lo venden por internet por 690 €.

Lo último que supimos, fue que su familia pasados unos meses del obituario, lo vendió o regaló a un chatarrero; pues les recordaba el sufrimiento que había padecido el hombre, desde la pérdida de la pierna en una batalla de la guerra civil. No creo que al “Nenico” le hubiera interesado tenerlo, la gracia para él estaba en toda la parafernalia que se montaba robándolo y que el “Cojito” saliera tras él.

Pero aquí resultó que había algo más en esta relación que desconocíamos, y que se había ido fraguando en el transcurso de los años. Nos enteramos de ello en el sepelio de Don Juan, alias el “Cogito”.

Fue al día siguiente, cuando improvisaron el tanatorio en la propia casa del militar retirado. Ya de entrada, la viuda estaba acompañada de nuestro “Nenico”, ¡qué coño pintaba él con los familiares de Don Juan! ¡¿Y por qué la mujer lo permitía?!

—¡Paquito tú no te muevas de mi costado! ¡Don Juan hubiera querido que fueras uno más de la familia!

—¡Si señora!, pero me da miedo que mi padre no me coja y me saque de este sitio.

—¡A ti no te va a tocar nadie!, yo ya he hablado con tus padres y lo he arreglado.

—¡Lo que usted diga!

Por lo visto… ya hacía bastante tiempo que el matrimonio y el “Nenico” confraternizaban, cosa nada extraña, pues sus hijos ya eran muy mayores y no vivían con ellos. Así que nuestro Francisco era como un hijo secreto para ellos, si bien de cara a los vecinos, mantenían vivo el circo de la persecución.

Las visitas de coches oficiales, sí, estos negros de gran tamaño y con una bandera en uno de sus costados delanteros, fueron constantes. Los chóferes aparcaban los autos en la misma calle y cerca de la entrada de la casa. De los vehículos salían militares trajeados con buen porte.

Resulta que nuestro vecino era más importante de lo que nosotros creíamos.

Todos entraron en la vivienda para darle el último adiós al viejo y, el pésame a la viuda y otros familiares:

—¡Doña Aurora, mi más sentido pésame por su pérdida!

Y así uno tras otro, acudieron hasta los Gobernadores Civil y Militar de la región; y ambos le dieron también la mano a nuestro “Nenico”, pensando que formaba parte de la familia; la viuda no hizo ningún gesto que les hiciera pensar que no lo era.

En un lapsus entre tantas ilustres visitas, y con la ayuda del “Nenico”, nos acercamos al féretro en cuyo interior descansaba Don Juan. Estaba vestido con su uniforme y sus medallas; y una cosa curiosa…:

—¡Coño le ha salido una pierna, y un pie! —exclamó con sorpresa uno de nosotros.

—¡Habla flojo, que nos van a sacar! —nos llamó al orden el hijo falso del muerto.

—¿Pero no era cojo? —pregunté yo.

—Esta mañana los de la funeraria le han colocado esta pierna postiza, así, aunque sólo sea en este momento, se verá completo. ¡Y ahora salgamos que entra más gente a verlo!, además vosotros no entonáis nada aquí dentro, ¡parecéis unos pordioseros!

Que rápido se le pegó su nuevo estatus social al cabrón desagradecido. No recuerdo haber coincidido en mi vida, con tanta representación oficial en otro funeral.

Al llegar la noche y ya acabada la velada, cuando los militares se habían marchado:

—¡Bueno Francisquito, si quieres ya te puedes ir a tu casa!

—¡No Doña Aurora, esta noche la pasaré con Vd.!, ¡por si necesita de un hombre!

—¡Pues te lo agradezco, deja que yo hable con tus padres!

El “Nenico”, ya sabía bien a quien se acercaba, inconscientemente intentaba que le cobijara. El buen rollo entre la estrenada viuda y nuestro Francisco duraría aún unas semanas más, siempre en un sentido maternal.

Al día siguiente, en el funeral celebrado de cuerpo presente en la Iglesia de “Cristo Rey”, siguió ejerciendo como otro familiar más alegado a Don Juan.

El templo estaba repleto, volvieron a acudir casi los mismos personajes del día anterior, en el velatorio de la casa.

Los vecinos no logramos entrar, estuvimos fuera; los más mayores llegado el momento del pésame, desfilaron a dárselo a la viuda, y como no, también al “Nenico”; los niños quedamos liberados de este acto.

Terminado este periodo de tiempo, a Francisco alias el “Nenico”, se le planteó un dilema; tenía que elegir, entre continuar viviendo con sus padres, o pasar a ser como un hijo adoptivo de la viuda, Doña Aurora:

—Mira Francisco, si decides venirte a vivir conmigo, no te faltará de nada, si bien hay un problema. Y es que, a mí esta casa me trae muchos recuerdos, y la mayoría malos. Así que he decidido irme a vivir a Valencia, donde tengo otra; por tanto, si vienes no volverás a ver habitualmente a tu familia.

—¿Y mis hermanitas pueden venir conmigo?

—¡No!, el acuerdo con tus padres lo tengo sólo para que vengas tú.

—Doña Aurora, ¡yo le quiero mucho!, ¡pero no puedo dejar a mis hermanitas con mi padre! ¡Vete a saber cómo acabarían!

La viuda conocedora del trato que recibían todos los miembros de la familia, quiso darle una respuesta afirmativa a la adhesión de sus hermanas al acuerdo.

Pero sabía que esto no era lo pactado con los padres y no podía incorporarlas.

—¡Lo siento mucho, muchísimo Francisco!, ¡pero sólo puedes venir tú!

Al verlo tan indeciso, la mujer quiso “echarle un cable”, suponiendo por donde iba a ir su respuesta— ¡Y si decides quedarte, lo comprenderé!

El mozalbete tardó pocos segundos en dar una respuesta definitiva:

—¡Si ellas no pueden venir, yo me debo quedar para protegerlas!

—¡De acuerdo, entiendo tu decisión!

El cambio que se hubiera producido en la vida del “Nenico”, se fue al garete. Todo continuó igual, carreras y palizas. Al menos hasta unos años después, el día en el que se rebeló y atizó a su padre con la piedra.

Esto fue lo último que supimos de la viuda, así iba casi todo en aquellos años, continuábamos viviendo con nuestras circunstancias y lo que nos deparara el destino. En el caso de Doña Aurora, decidió irse a comer buenas paellas y naranjas...

Aparte de en esta ocasión del fallecimiento del “Cogito”, fueron pocas las veces en que vi llorar al muchacho; era muy orgulloso y no quería que nadie lo viera débil de corazón y con sentimientos.

…Otra vez que estuvo así, como de en “baja forma”, fue cuando regresó del hospital; donde hubo que ingresarlo tras una paliza que le dio su padre. Esto ocurrió a los meses siguientes al fallecimiento y mucho antes del día en que se rebeló.

La agresión llegó, como final en una de sus cotidianas persecuciones en las que huía de su padre; al saltar el “Neníco” una pared no muy alta, hizo un mal movimiento y dio con los huesos de sus piernas contra el borde del muro. Cayó inmediatamente y quedó inmovilizado, circunstancia que aprovechó su padre para rematar su faena, sacudiéndole cuatro patadas precisamente en las mismas piernas.

Ante los gritos del muchacho, acudieron en su auxilio varios vecinos que lograron separar al padre. Uno de ellos viendo su estado, cogió al “Nenico” y se lo llevó al hospital más próximo; el resultado final de la manta de palos fue que los peronés de ambas piernas se le rompieron. Quiero pensar que no era esa la intención del maltratador, o que se le rompieron al golpear la pared; pero lo cierto es que esta rotura le quitaba la posibilidad de salir corriendo en futuros castigos.

Este accidente, fue la repetición en el tiempo de otro similar, que tuvo como protagonista o victima a su homónimo, “Francisco Franco”; el que luego se convirtiera en Dictador del país y fuera tan influyente en la historia de la España reciente. Igualmente durante su infancia, fue maltratado habitualmente por su padre, “Nicolás Franco”. Un alcohólico que le atizaba palizas a base también de correazos y, llegando inclusive en una ocasión a romperle el brazo.

Esto último “del brazo”, lo afirma la escritora “Pilar Eyre” en su libro biográfico: “Franco Confidencial”.

Fotografía de un adolescente Francisco Franco publicada por el diario ABC, vaya mi agradeciiento.

Estas coincidencias con nuestro “Nenico”, debieron de ser “cosas del destino”, ¡pienso yo!... Más en lo que no hay duda, es que, el niño pasó un verano atroz, con las dos piernas escayoladas y sin prácticamente poder moverse sin ayuda.

Pero como era fuerte y rebelde, llegado el invierno, para sorpresa de su padre, ya volvía a realizar sus maratonianos “escapes”.

Pero como dice el refrán: «A todo cerdo le llega su San Martín», y ese día le llegó a Paco, el jodido de su padre…

FRANCISCO EL “VOYEUR”

Este elemento, era el prototipo de persona, que sin hablar ya granjeaba enemigos; no sé qué era, si su mirada o un combinado de toda su manera de ser, la que generaba malas vibraciones.

En una ocasión los vecinos del barrio estuvieron a punto de “lincharlo”, como en el oeste. Esto aconteció no mucho después de la rebelión de su hijo y su esposa.

Ocurrió, que muchas de las vecinas se quejaron a sus respectivos maridos del “vicio” de Paco. En los cálidos meses del verano, la mayoría de las viviendas estaban con las puertas medio abiertas y las ventanas totalmente, con el propósito de que pasara un poco de corriente de aire por los cuartos; especialmente los que daban a la parte de la calle, que solía ser los más calientes.

La mayoría de las casas eran de una planta baja o como mucho con un piso. Y prácticamente con una distribución similar, propia de cuando la construcción de ellas se basaba en “muros de carga”. Una pared como fachada, otra en medio, y una al otro final trasero de la casa; entre estos muros se apoyaban las viguetas. Con una separación de 5 metros entre ellas. El largo de las paredes solía ser de unos 8 o 10 metros, “atadas” en los finales con otros muros que completaban el cuadrado de las viviendas; que solían ser de unos 80 o 100 m2.

Pues ya tenemos al Paco (Senior) recorriendo la calle y echándole su ojo al interior de los cuartos, era lo que hoy se define como un “voyeur” o un pervertido. Sus fisgonas pupilas se deleitaban viendo más de un cuerpo de mujer desnuda o semidesnuda, tumbada en su cama haciendo la siesta.

El salido personaje, aprovechaba que a estas horas de la tarde, cuando más pega el sol, no había nadie por las calles. No se conformaba con mirar, también le daba a la “manivela”, es decir, se masturbaba.

De este comportamiento suyo, venían las quejas de más de una, que le sorprendieron mirando al tener un despertar ocasional.

—¡Ah, socorro!, ¡fuera de mi casa sinvergüenza! —gritó una de ellas al verlo mirarla y “cascársela”. Ante los gritos, los restantes moradores de la vivienda acudieron:

—¿Qué pasa Sotana de tal…?

—¡Otra vez estaba Paco masturbándose!

—¿Pero estás segura de qué era él? —el familiar ya era conocedor del “viciosillo”.

—¡Yo creo que sí, coño, ha sido muy rápido!

—Hoy mismo iré a hacer una denuncia a la policía.

—¡Espera, no me quisiera equivocar y acusar a un inocente!

Era lógica esta aptitud de prudencia, si bien lo que en verdad pesaba, era ser consciente de que si lo denunciaban lo más probable sería que acabara preso, y por consiguiente dejaría sin “patriarca” a la Encarna y a sus tres hijos. Y sin la oportuna fuente de ingresos.

—¿Pero era Paco o no?

—¡Pues pensándolo mejor, debía ser otro que se le parecía!

Pero tanto se reprodujeron estos actos, que corrió la voz entre los “machos” (esposos) y decidieron tomarse la ley por mano. Dándole un escarmiento con el fin de acabar con esta insana manía del “amigo” Paco.

Yo me enteré de todo esto por el “chafardeo” de una de las vecinas, que fue víctima de las miradas lujuriosas del padre del “Nenico”. Y también por mediación de ella, supe que el grupo de castigo o de linchamiento, no llegó a realizar el castigo, que era darle una buena paliza como escarmiento.

Una Ilustración que inmortaliza uno de los muchos “linchamientos” que se hicieron durante la “Revolución Francesa”, para dar un poco de ambientación a lo narrado... ¡Si bien!, las motivaciones de estos franceses fueron para acabar con el poder que ostentaba la "nobleza" en aquella época.

La intermediación de su mujer pidiendo compasión y prometiendo que vigilaría a su marido, hizo desistir a la multitud.

Y debió de funcionar, ya que nunca más se comentó que el “fisgón” hubiera vuelto a actuar.

Si bien este acontecimiento fue la gota que llenó el vaso, inclinando la balanza hacia un aconsejable próximo cambio de aires. Los nuevos ingresos que aportó el “Nenico”, posibilitaron que al año siguiente, empezaran la construcción de una nueva casa en otro lugar; que curiosamente sería también

próxima a la futura nuestra.

Esos nuevos dineros vinieron gracias a que el “Nenico”, cumplidos los catorce años y acabados sus estudios primarios; consiguió ser contratado como aprendiz de mecánico en el distribuidor de la marca de coches “Seat”.

A partir de allí se fue promocionando, y por méritos propios, en su oficio; al cabo de pocos años ya era un excelente mecánico, cobrando un buen jornal. Y orgullosa de sus éxitos, bien los pregonaba su madre, la Encarna.

Lo pude comprobar ya en el nuevo barrio, un día que coincidimos en la tienda de comestibles propiedad de Ángel, no sé qué apodo tenía, que era otro tendero como el padrino Miguel de nuestra antigua barriada:

—¡Pues mi Francisco me hace 3.000 pesetas al mes!

Un año más tarde, sin nadie preguntarle, hizo de nuevo ostentación de los ingresos:

—¡Pues mi Francisco me hace 5.000 pesetas cada mes!

Y así la cifra fue aumentando, hasta que llegó una novedad; el “Nenico” se hizo mayor, conoció una chica con la que cortejó varios años y llegado el momento se casó. ¡Ley de vida!, y como es lógico, la boda trajo consigo también el momento de emanciparse y formar su propia familia.

—¡Eh, Encarna!, y como le va a tu hijo, ¿cuánto te hace? —le preguntó una de las vecinas de la nueva barriada conocedora de la boda y con la intención de joderla (Este cuchicheo me lo contó mi santa madre):

—¡Pues no me entrega nada cada mes!, desde que se casó, todo lo que gana se lo queda y se lo entrega a su mujer.

Pero mis otras dos hijas han empezado a trabajar, ¡que ya iba siendo hora, pijo!, y este final de mes… ¡Veremos cuanto me harán!

Por cierto, que la que se convirtió en una mujer muy guapa fue nuestra Leticia, un año después de la boda del “Nenico”; un día “choque” con ella también en la tienda:

—¿Tu eres “Olivia”, disculpa… Leticia? —vaya metedura de pata con el nombre.

—¡Tranquilo Antonio, no pasa nada! ¡Sí, soy yo!, como ves he engordado un poquito ¡Pero lo justito para no “colarme” por la rejilla de una alcantarilla!

—¡JA, JA, JA! —¡Hay que gracia!, veo que no has perdido tu “mala leche”.

—¡Pues mi novio no coge mi sentido del humor!

—¡Pues mándalo a la mierda! ¡Búscate a otro que te valore más!, ¡tal como eres!

—¿Tú crees…?, ¿y piensas en alguien en concreto? —y me lo dijo con insinuación.

—¡Ves como eres “malita”!, anda que como te diga que sí, verás en que compromiso te meto. —No esperé su respuesta y aproveché para preguntarle por su padre, buscando que me pusiera al día— ¿Y cómo le va a Francisco, tu padre?

—¿Hace tiempo que no los has visto? —Refiriéndose a los dos, padre y madre.

—¡Pues sí, bastante tiempo!

—Ha estado malo, pero ya está mejor, de un tiempo a esta parte ha pasado por varias “malaltías” (enfermedades). La más importante fue que lo operaron de un cáncer de próstata.

¡Por suerte lo cogimos a tiempo! ¡Y no hagas el chiste fácil!

—¡Leticia no seas tan retorcida! ¡No te cojo!

—¡No te cortes hombre! Desde que se lo detectaron, su “líbido” (deseo sexual) desapareció, con lo que nos libramos de muchos posibles disgustos. ¡Ya nos bastó lo que nos “mamamos” en el otro barrio! Y desde que le extirparon la próstata, eso ya no fue un problema ¡Ya ves, no hay mal que por bien no venga!

—¡Lo dicho, no cambies! ¡Pero sí cambia de novio…!

Nos despedimos y si mal no recuerdo, no nos volvimos a ver.

Del que sí supe fue del “Nenico”, tenía dos hijos a los que «llevaba en bandeja», y no me consta que los castigara con algún correazo, si bien, si les dio en momentos muy determinados, alguna que otra colleja, pero muy pocas… ■

FIN DEL CAPÍTULO 8


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