“QUERIDO CHATO”
PRÓLOGO
Una novela que te hará revivir, o conocer, como vivíamos con Franco
Como y que se enseñaba en los Colegios, que juegos practicábamos, como nos relacionábamos con nuestros vecinos, de que manera nos iban cambiando la vida los nuevos adelantos tecnológicos, que ocurrió con los perdedores de la guerra civil, que derechos legales tenían las mujeres, hacía donde emigraban los españoles, como actuaba la policía, como se trataba a los homosexuales, hasta cuanto influenciaba la Iglesia en nuestras vidas…
UNA SIMPÁTICA Y A LA VEZ TRISTE NARRACIÓN AUTOBIOGRÁFICA, QUE TE LLEVARÁ A ESOS AÑOS EN LOS QUE ESPAÑA ERA GOBERNADA POR FRANCISCO FRANCO.
En exclusiva por cortesía del Autor, veamos el doceavo de sus Capítulos:
1964. Los Viajes de mi Padre a Suiza. (7)
Capítulo 13
En este Capítulo conoceremos como nació en el corazón del "Chato", un amor especial, respeto y admiración, hacia la agricultura y el modo de vida campestre. Conoceremos al matrimonio formado por Margarita y su marido, el Señor Tomeu (Bartolomé), que fueron quienes le enseñaron todo lo que tenía que saber un buen "pagés" (agricultor).
Ello le permitió hacer sus primeras aportaciones a la cesta familiar, eso fue a base de cestas cargadas de hortalizas, tomates y, todo tipo de frutas.
También supo al fin, como se creó el pasillo que separaba los edificios que correspondían uno a su casa, y el otro precisamente al matrimonio mencionado...
Supongo que el año de 1964, supuso un “punto y aparte” en la vida de mi padre. Todo lo tenía preparado para otro de sus viajes por «todo lo largo y ancho de este mundo», frase que popularizó el “Capitán Tan”, un personaje ficticio de la serie de televisión “Los Chiripitiflaúticos”, emitida por TVE en los sesenta.
Pero mi padre jamás se pudo imaginar que éste no sería un viaje más a los que añadir a su larga lista, en verdad sería su último y definitivo viaje que realizaría.

Recupero esta portada de la entrañable revista “TP Teleprograma”, que dedicaron al cuarteto de artistas que intervenían en
ste programa infantil, y que cada tarde emitía TV1. Ellos son: Locomotoro (Paquito Cano 1928 (98 años)) — El Capitán Tan (Félix Casas 1930-2020 (89 años)) — Valentina (María del Carmen Goñi 1928 (97 años)) — El Tío Aquiles (Miguel Armario
Bosch 1916-2000 (84 años)). Cabe destacar la longevidad de todos ellos, en especial los aún vivos, de Locomotoro y Valentina. Por cierto, esta portada me ha sido difícil de localizar, al final, esta procede de una anuncio de "en venta" publicado en internet. Lo que demuestra que son muchos los seguidores que aún recuerdan este programa...
Desde su partida con destino al país Helvético, no tardó más de una semana en regresar de improviso. Cuando mi madre le preguntó la causa de este repentino regreso, éste argumentó, que nada más llegar a Suiza, pensó que su obligación como padre era, estar en casa y participar en la crianza de sus hijos. Mi madre que «no tenía ni un pelo de tonta», no se creyó el motivo del inesperado regreso:
—¡Pero si ya prácticamente he criado sola a cuatro de tus hijos!, ¡qué más da otro!
—No he estado todo el tiempo contigo, ¡pero no os ha faltado de nada!
—¡Bueno, de esto hay mucho que hablar!
—¿Qué quieres decir, habla claro?
—¡Mira Damián no quiero discutir! —para finalizar la discusión, optó por contestarle de otra manera—, ¡me alegro mucho de que estés en casa!
—¡Sin sorna!
—¡No te lo digo con ninguna sorna!, y ya que estas aquí, acompaña a tu hijo Andrés al wáter, que noto que se está cagando y con dos años no sabe hacerlo sólo.
A regañadientes mi padre acompañó al pequeñín al baño y lo sentó en su orinal, dónde hizo una buena y olorosa “cagada” en honor a su recuperado padre.
Lo que en verdad motivó su regreso fue que, en este viaje todo le salió mal. Al igual que ya le había pasado en alguno de sus otros viajes.
Especialmente en el último que hizo varios años atrás a Venezuela, país al que tenía prohibido regresar, al haber una orden de detención sobre su persona. O al menos esto era lo que se creía mi padre.
Mapa en el que se muestran los 26 Cantones que componen el Estado Federal de Suiza.
…En éste que comento, el último a Suiza, si bien no llegó a tanto, algo se le pareció. Ocurrió que cuando cruzó la frontera entre Francia y Suiza, en un control realizado en el tren donde viajaba, la policía le pidió su documentación y su permiso de trabajo:
—¡Monsieur votre documentation! («¡Señor su documentación!»).
—¡Le voici! («¡Aquí la tiene!»).
—¡Laisse moi voir ton permis de travail! («¡Déjeme ver su permiso de trabajo!»).
¡Touché! («Tocado»), el hombre no sabía dónde meterse, aunque la mayoría de las veces siempre viajó con los papeles en regla, es decir con su permiso de trabajo; en esta ocasión no los tenía correctamente. Esto ya le había pasado en otros viajes anteriores realizados también a Suiza. En aquellas ocasiones «salió de rositas», pues simplemente le indicaron que pasara un día por una Comisaría de Policía y lo presentara; y si no, bastaba con que un suizo manifestara que lo conocía y avalara que el español estaba tramitando el permiso de trabajo. Pero en aquel año, había saturación de inmigrantes en el país, y las autoridades habían dado órdenes de que fueran más escrupulosos con ellos.
Provocando eso, que mi padre acabara en la Comisaría, allí lo ficharon y prepararon los papeles para su expulsión del país. Para completar dicha orden, un “gendarme” repasó con él algunos datos, en este caso hablaba perfecto español:
—¿Y su domicilio está en la isla de Mallorca?
—¡Si señor!
El policía tuvo compasión por él, le recordaba a su padre, pues era hijo de otro inmigrante español llegado muchos años atrás.
—¡Mire Damián! ¿Usted debe de conocer a alguien que sea suizo y pueda avalar su estancia en el país?
Ciertamente si conocía a alguien, pero no quería decirlo para no comprometerla; pero en vista de lo que pasaba, cambió de idea, y sacó de su bolsillo una carta que le había remitido unos meses antes su “conocida”. La había dirigido a la casa de los abuelos de Mallorca, ¡y mi madre sin saberlo!, ¡así que esta era la causa que motivó el viaje!, ¡qué bribón! Y se la entregó al “gendarme”. El policía la leyó detenidamente y en dos ocasiones, como destripándola, tras lo cual:
—¡Efectivamente, esto nos puede valer! Está claro que le está diciendo que venga a Suiza y le dará trabajo, es como un compromiso laboral. Miraré de averiguar su número de teléfono, no será difícil, pues no creo que haya muchas pensiones con este nombre en Berna. El papel de la carta sólo tenía el nombre de la pensión.
El gendarme se marchó a hacer sus averiguaciones y al poco tiempo regresó:
—¡Bueno Damián, ya tenemos la dirección y el número de teléfono!, mañana mis compañeros de Berna (capital de Suiza), irán a visitar a Madame “Le Pen” en su pensión del mismo nombre.
—¿Entonces me puedo marchar?
—¡Lo siento mucho!, pero no podemos soltarle hasta que no aclaremos todo este asunto.
¡Pues “mon cheri”!, que los aviones estadounidenses salen de las bases que tienen ellos en España!
Con todo esto de la “Guerra del Vietnam” y los bombardeos que están realizando los norteamericanos, nuestro gobierno es muy escrupuloso con que se cumplan las normas de inmigración. No quiere que se pueda dudar de la imparcialidad de Suiza.
—¿Y yo que tengo que ver con los bombardeos de “Vietnam”?
—¡Pues “mon cheri”!, que los aviones estadounidenses salen de las bases que tienen ellos en España!, así que, lamentándolo mucho, esta noche dormirá en nuestros calabozos.
Y hacia ellos se lo llevaron, le pusieron en una celda individual. Al poco rato el mismo guardia le trajo la cena, que mi padre devoró inmediatamente; no había comido nada en todo el día.
Pasó la noche pensando en todo, y especialmente no se podía quitar de la cabeza, lo que le había dicho el gendarme sobre los bombardeos de “Vietnam”.
Al otro día, a primera hora, el mismo gendarme le trajo el desayuno y una toalla con una pastilla de jabón.
—¡Vamos Damián, a desayunar que hoy puede ser un día muy especial para Usted! Le traigo también esta toalla y jabón para que se asee.
—¡Muchas gracias! ¿Usted que vive aquí, en la Comisaría? —díjole con sorna.
—¡Qué va! Ha coincidido con mi guardia, ¡mera casualidad!
Sobre el mediodía, de nuevo apareció el guardia y con la llave de la celda, mi padre al verle abrirla se alegró y le sonrió.
—¡Vamos Damián venga conmigo! —Llevándolo de nuevo a la sala de antes. Ya sentados ambos.
—Tenemos malas noticias para Usted.
—¿Qué ocurre?
—Mis compañeros han ido esta mañana a la pensión de la Señora “Le Pen” y le han enseñado su carta; ella ha dudado unos instantes, pero ha negado haberla escrito.
—¡Pero eso no es verdad! ¡Ella me ofreció el trabajo!
—Mis compañeros me han dicho algo más, resulta que estaba presente también su marido; un Coronel jubilado del Ejército Francés, cuando se le ha preguntado. Lo que pensamos todos, es que, delante de él no se ha atrevido a reconocerlo, por la reacción que pudiera tener su marido...
—¡¿Su marido?! Si me había dicho que estaba a punto de divorciarse, hasta se ha referido a él; como “el cabrón de Michel”.
—¡Pues ya ve Monsieur, posiblemente lo reconsideró! ¿Cuándo se lo dijo?
—Ya hace un año, en otra carta que me remitió.
—¿Usted tiene un romance con Madame “Le Pen”?
Mi padre no sabía que responder, pero optó por no “marear más la perdiz” con este tema, “la suerte estaba echada”.
—¡Prefiero no contestarle, si lo tuviera no valdría para nada en este asunto!
—¿Pero porqué insulta al marido llamándole cabrón?
—Porqué lo es… ¡Es un maltratador!
—¡Le comprendo, es Usted un caballero! Pero lamentándolo mucho, hemos de expulsarle del país; mis compañeros le acompañaran al puesto fronterizo por donde entró. Y ya desde Francia, las autoridades francesas le conceden hasta cinco días para que cruce la frontera con España. El estado suizo le entregará… ¡cuando salga del país!, 100 francos suizos; con ese dinero podrá cruzar Francia y también la frontera española. No se le pondrá ninguna marca en el pasaporte de la expulsión, así evitaremos cualquier represalia de su policía.
—¡Monsieur, se ha portado usted como un caballero! Su padre puede estar muy orgulloso de usted.
El hombre se ruborizó con estas palabras de reconocimiento, pero mi padre no quería partir sin hacerle una pregunta más:
—Lo de los bombardeos sobre “Vietnam”, ¿han tenido algo que ver?
—¡Esto fue una trola que me inventé!, lo hice para que tuviera algo que pensar esta noche. ¡Qué coño le importará a nuestro Gobierno los bombardeos! Lo que no quieren nuestros “gerifaltes”, es que vengan más inmigrantes durante unos años, ¡nuestra economía ya no va tan bien! —Ese sentir vino como consecuencia del paulatino aumento de la inmigración. En los años sesenta ya el 13,7% de la población era extranjera, y en 1974 alcanzó hasta el 16,8%.
—¡Qué cabrón! —exclamación dedicada al gendarme, que lo tuvo toda la noche pensando en los puñeteros bombardeos.
—¡Mire que no le damos los cien francos! —Sonriendo.
…Al cabo de unas horas, los gendarmes acompañaron a mi padre por tren hasta el puesto fronterizo; allí aprovechando la parada del ferrocarril, informaron a los gendarmes franceses sobre la expulsión y abandonaron el tren.
Los policías franceses ya no dejaron el vagón, acompañaron al español hasta el destino final, que era Paris. Al llegar a la capital y sin darle mayor importancia; se dirigieron a mi padre recordándole que tenía hasta cinco días, para abandonar Francia cruzando la frontera española. Indicándole la línea del tren que le podía servir de empalme:
—La ligne de train numéro 36 vous emmènera à Nîmes, et de là vous pourrez faire d'autres correspondances. Bon voyage monsieur ! —que traducido le dijeron:
«La línea de tren numero 36 le llevará hasta Nimes, y desde allí puede hacer otros empalmes. ¡Buen viaje señor!»
Tomate fruto de esta variedad de “Mucha miel” listo para comerlo... ¡Hum! ¡Delicioso!
Cosa que sin más dilación hizo, estaba agotado del “puto” y último de sus viajes.
En España le recibimos con mucha alegría, la “aventura” había sido más corta de lo programado.
Tardó muchos años en contar la verdad de lo que le había pasado, cuando regresó sólo dijo que: «os extrañaba mucho y decidí cambiar de planes…». ¡Ver para creer!
EL VIAJE ANTERIOR
Poco tuvo en común este viaje con el que había realizado unos cuatro o cinco años antes, ¡más o menos! Me es difícil saber el número exacto de viajes que realizó. En una ocasión, para “investigarlo”, recurrí a sus pasaportes; que por cierto tuvo muchos y que conservaba como un tesoro. Me fue muy difícil el contarlos, pues estaban completados en todas sus páginas con los sellos de las aduanas de diferentes países y fechas. También estaban los sellos de nuestra aduana, que señalaban sus regresos a la “madre patria”.

Postal de ZURICH de los años sesenta.
…Así pues, volviendo unos años atrás a este mencionado breve viaje, un día llegó con su maleta a la ciudad de Zúrich, un lugar repleto de bancos en el norte de Suiza. Con muchos años de existencia y repleta de paseos costeros que siguen el rio que la cruza, en los que encontrabas infinidad de restaurantes y bares. Reunía unas óptimas condiciones para recibir todo el año, un buen número de turistas y hombres de negocios. El lugar perfecto para apreciar la experiencia de un buen “maître” como era mi padre.
El mismo día que llegó, se presentó en uno de los mejores restaurantes de la ciudad y fue inmediatamente aceptado; eso sí, en período de pruebas. Los suizos en aquellos años eran muy legalistas, todo lo querían correcto, la dirección del restaurante se encargó de arreglarle todos los permisos; ¡qué diferencia!, comparándolo con el último viaje de marras mencionado antes. La “diferencia” estaba en el tiempo, entre necesitar o no inmigrantes…
No hablaba muy bien el alemán, que era el idioma oficial de este “cantón” suizo. Sin embargo, su francés de cada día era más fluido, y como estos dos idiomas eran los más hablados y los que conocían todos los suizos; salvaba el problema.
Suiza tiene cuatro idiomas oficiales, la zona más extensa lingüísticamente hablando, es la que corresponde al alemán, que se habla en el 68,6% del país. Sumando 19 de los 26 cantones donde el alemán es la lengua predominante. Le sigue el francés, hablado principalmente en la parte occidental, supone el 22,8% del total.
Estos dos idiomas se complementan con una población que supone el 8,1%, es el que “parla” el italiano. Y aquí no acaba, nos queda el romanche, que lo habla una minoría de sólo el 0.5 %.

Zonas donde predomina cada uno de sus idiomas oficiales.
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No es una fotografía de la boda del Señor Tomeu y Margarita, es de otra pareja de su edad, que seguro no les molestará su publicación en esta narración, y que nos vale para finalizar este capítulo con un final feliz.
También recuperó sus posesiones, pasando a su fallecimiento, todas ellas a su “nueva” y legal esposa Margarita y a su hijo Rafael, que como amante de las motos y en concreto de las de más cilindrada. Supongo que se compraría una colección de ellas con algo de la herencia, pues daba para esto y para mucho más.
A mí, aparte de los numerosos cubos de hortalizas con que me pagó mientras duró nuestro acuerdo, «no me dejó ni un pimiento», comentario fácil éste. La verdad es que habíamos perdido ya hacía tiempo

No es una fotografía de la boda del Señor Tomeu y Margarita, es de otra pareja de su edad, que seguro no les molestará su publicación en esta narración, y que nos vale para finalizar este capítulo con un final feliz.
También recuperó sus posesiones, pasando a su fallecimiento, todas ellas a su “nueva” y legal esposa Margarita y a su hijo Rafael, que como amante de las motos y en concreto de las de más cilindrada. Supongo que se compraría una colección de ellas con algo de la herencia, pues daba para esto y para mucho más.
A mí, aparte de los numerosos cubos de hortalizas con que me pagó mientras duró nuestro acuerdo, «no me dejó ni un pimiento», comentario fácil éste. La verdad es que habíamos perdido ya hacía tiempo

No es una fotografía de la boda del Señor Tomeu y Margarita, es de otra pareja de su edad, que seguro no les molestará su publicación en esta narración, y que nos vale para finalizar este capítulo con un final feliz.
También recuperó sus posesiones, pasando a su fallecimiento, todas ellas a su “nueva” y legal esposa Margarita y a su hijo Rafael, que como amante de las motos y en concreto de las de más cilindrada. Supongo que se compraría una colección de ellas con algo de la herencia, pues daba para esto y para mucho más.
A mí, aparte de los numerosos cubos de hortalizas con que me pagó mientras duró nuestro acuerdo, «no me dejó ni un pimiento», comentario fácil éste. La verdad es que habíamos perdido ya hacía tiempo

No es una fotografía de la boda del Señor Tomeu y Margarita, es de otra pareja de su edad, que seguro no les molestará su publicación en esta narración, y que nos vale para finalizar este capítulo con un final feliz.
También recuperó sus posesiones, pasando a su fallecimiento, todas ellas a su “nueva” y legal esposa Margarita y a su hijo Rafael, que como amante de las motos y en concreto de las de más cilindrada. Supongo que se compraría una colección de ellas con algo de la herencia, pues daba para esto y para mucho más.
A mí, aparte de los numerosos cubos de hortalizas con que me pagó mientras duró nuestro acuerdo, «no me dejó ni un pimiento», comentario fácil éste. La verdad es que habíamos perdido ya hacía tiempo el contacto, y sí me dejó una herencia que he apreciado toda mi vida, y es mi amor y respeto al campo… ¡¡¡”Batubalmon pollastre”!!! ■
FIN DEL CAPÍTULO 12
Cortesía del Autor
para Queseenteren
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