“QUERIDO CHATO”

PRÓLOGO

Una novela que te hará revivir, o conocer, como vivíamos con Franco


Como y que se enseñaba en los Colegios, que juegos practicábamos, como nos relacionábamos con nuestros vecinos, de que manera nos iban cambiando la vida los nuevos adelantos tecnológicos, que ocurrió con los perdedores de la guerra civil, que derechos legales tenían las mujeres, hacía donde emigraban los españoles, como actuaba la policía, como se trataba a los homosexuales, hasta cuanto influenciaba la Iglesia en nuestras vidas…

UNA SIMPÁTICA Y A LA VEZ TRISTE NARRACIÓN AUTOBIOGRÁFICA, QUE TE LLEVARÁ A ESOS AÑOS EN LOS QUE ESPAÑA ERA GOBERNADA POR FRANCISCO FRANCO.

En exclusiva por cortesía del Autor, veamos el doceavo de sus Capítulos:  

1964. La Historia del Tío Camilo. (7)

Capítulo 14

Capítulo triste el que vemos en esta ocasión, recordando la vida de Camilo, el tío del "Chato". Nos hacemos a la idea, del "mal vivir" que tenían los homosexuales en estos años en los que gobernaba el país Francisco Franco.

Que era y como se fue aplicando la "LEY DE VAGOS Y MALEANTES", desde la Monarquía de Alfonso XIII, pasando por los años de la II República y, durante la Dictadura de Franco.



El breve tiempo que ocupé la habitación de mi Tío Camilo, en la casa de los abuelos, y especialmente por las noches, pensé y hasta soñé con él. Algo por otra parte lógico, pues aquel cuarto estaba lleno de cosas y fotografías suyas; especialmente fueron estas últimas, que “descubrí” en un cajón, las que me ayudaron a hacerme una idea de cómo era su vida.

El hombre era muy parecido físicamente al abuelo, aunque esta similitud le jodiera bastante al carabinero. Era de altura normal, delgado, con la cara un poco chupada y el pelo de color negro y corto. Más o menos sería esta la manera breve de describirlo físicamente. Pero me dejo sin mencionar algo muy especial de él, tenía unos digamos, “aires amariconados” (amareados); que descubrían sus predilecciones sexuales. Algo normal, pero que en aquellos años te podía joder la vida, y me estoy quedando corto en lo de joderte.

Camilo nació en 1935, la guerra y los sucesos que acabaron con el abuelo en la cárcel, hicieron que, hasta casi los ocho años, edad que tenía cuando liberaron al abuelo Leonardo. Los pasara cojo de un progenitor, pues sólo fue criado por su madre Isabel, mi abuela; quizás el excesivo afecto y proteccionismo de ella, hizo que se le adelantaran los síntomas naturales de su fisionomía; por ejemplo los estrógenos femeninos que debía de tener.

No he podido recuperar la fotografía de mi tío Camilo, mas, se me ha ocurrido poner esta del amigo Oscar Wilde, un genio de la literatura que a pesar de ello, fue condenado a la cárcel por su condición de homosexual, tras unos juicios con el padre de su amante Alfred Douglas. En aquellos años castigada con ella. (Foto de estudio de la pareja tomada en 1894).

Fueron pasando los años y ya con el abuelo de nuevo en la casa; el clima se fue enrareciendo, haciéndose insoportable para el joven Camilo. Al ser los otros hermanos más mayores y ya unos hombres que hacían su propia vida. El único que le quedaba al abuelo, para desahogarse y expulsar su rabia, era el bueno del Camilo; y por supuesto, la abuela:    

—Camilo te he dicho que no quiero que te pongas este jersey de cuello largo, ¡pareces un maricón! ¡Quítatelo!

—¡Pero si me queda muy bien! —me da lástima recordar lo que debió de sufrir. Cómo no hacía lo que le mandaba, el militar frustrado no se lo pensaba. Abría un cajón y de él sacaba una gruesa correa, que con mucha habilidad la sujetaba con su mano. Dándole varios correazos al joven, no miraba en que parte del cuerpo le atizaba, se encolerizaba él sólo; supongo que esos “latigazos”, en su mente, se los estaba dando a cualquiera de los que le habían arruinado su vida; o simplemente era un cabrón con mala leche:

—¡ZASSS, ZASSS… ZASSS! —¡Ay, ay!, ¡no me pegues más!

La cosa finalizaba cuando la abuela se metía por en medio en defensa de su hijo:

—¡Para… para Leonardo, que lo matas!

En ese momento paraba, aunque en más de una ocasión la abuela Isabel se llevó el último de los correazos.

Con las tías María e Isabel, no iba el cuento. Ni de asomo se le ocurrió tocarlas, la abuela las había “adiestrado” bien y sabían defenderse; no quiso que fueran como ella de sumisas.

Cuando Camilo ya se hizo hombre, fue cuando aparecieron otros problemas, su sexualidad se manifestó, y como era natural; el hombre buscó lugares y maneras de «dar rienda suelta» a la misma, y disfrutar de ella.

Los homosexuales, ya de antes, y tristemente también en 1957, debían de tomar todas las precauciones a la hora de buscar compañeros con sus mismos gustos sexuales. Había algunos lugares idóneos para ello, pese a que estaban totalmente prohibidos, se les permitía su existencia, la policía «miraba para otra parte»:

—¿Eres nuevo por aquí?

—¡Sí, es la primera vez que vengo!

—¡Yo soy una asidua de aquí! ¡Me llamo Manolo! ¿Y tú… quién eres?

—¡Yo soy Camilo! Por cierto, te diré que la música es muy agradable.

—Los discos los selecciona el dueño, que es un amigo mío, se llama Pepín; es aquel que está al fondo detrás de la barra, ¿lo ves?

—¡Ah, ya lo veo! ¿Qué los compra en Londres?

—Pero, ¿¡cómo lo has sabido!? ¿Tú eres adivino?

—¡Qué va, en absoluto! Me lo he supuesto, porque yo tengo un amigo que vive en Londres y me envía algún que otro disco.

—¡Londres, que bonito debe ser vivir en Londres!, las veces que he estado han sido de vacaciones… ¡Y me chifla!

—Pues yo Manolo, en cuanto pueda me largo, ni me lo pienso, ¡estoy hasta los ovarios de España!

—Nos acabamos de conocer… ¡Y ya piensas en abandonarme!

—¡JA, JA, JA, eres tremenda!

Los jovenzuelos acababan de crear una nueva y buena amistad. En este “ambiente” el tío Camilo era feliz, se podía «mostrar sin tapujos», tal como era. Lo que hizo que se convirtiera en un asiduo al lugar, que se conocía como “El Sombrero”.

Durante el día trabajaba de camarero en una cafetería de la Plaza de España, en el centro de la ciudad. Donde por orden del dueño, que sabía de su “condición”, tenía que evitar al máximo sus gestos amanerados. Cosa que hizo todo el tiempo que trabajó allí.

Ocurrió que otra noche estando en “El Sombrero”:

—¡”Grises”, vienen los “Grises”! —Que era como se conocía de sobrenombre a los miembros de la Policía Armada, por ser este el color de sus uniformes.

—¡Corred salid todos!

Foto vieja “abandonada” y en venta por la Red; en la que aparecen tres miembros del Cuerpo de la “POLICIA ARMADA”, familiarmente conocidos como los “GRISES”. Años más tarde se les cambiaría el uniforme (pasando primero a marrón y luego al color azul marino actual) la organización, y el nombre por el actual de “POLICIA NACIONAL”.

Pero cuando los presentes se disponían a salir por la única puerta del local, se encontraron de frente a los agentes del orden; eran ocho malhumorados “Grises”. Los policías dieron orden a Pepín de que: «Abre las luces y para la puta música», cosa que hizo al instante, el propietario era ya un viejo conocido de la policía. Y era frecuente que de vez en cuando hicieran una “redada” en el antro.

—¡Vamos maricones, “arrejuntaros” en el centro de la pista! —Una zona del establecimiento, que en determinados días, cuanto actuaba un grupo musical se utilizaba para bailar. 

—¡Venga, haced lo que se os ordena o empezamos a pegar porrazos!

Los hombres se juntaron en la pista, cual ovejas agrupadas por el perro del pastor.

—¡Sacad el carnet de identidad y mostrarlo en alto con la mano derecha!

Al mismo tiempo entraron dos policías más, pero en este caso vestían de “paisano”.

—¡Inspectores, ya los tienen ordenados!

—¡¿Ordenados?!, ¡cabo… NO. NO. NOOO! ¡Ordenadas, ordenadas, un poco de respeto con estas señoritas!

El inspector se acercó directamente a uno de los clientes que estaba vestido con prendas de mujer; llevaba una falda y unas medias negras. Aunque al llevar un cuidado bigote, se apreciaba perfectamente que era un hombre. Y le “estampó” la palma de su mano en su rostro:

—¡PLAF…! —El hombre no se inmutó, no le extrañó el comportamiento del policía, ya lo conocía de otras ocasiones y era sabedor de cómo se las “gastaba”.

—¡Otra vez tú! ¿Es que no aprendes…? ¡Hala, para el furgón! ¡Cabo ésta se viene con nosotros!

Uno de los policías lo cogió por la espalda y lo sacó fuera de la sala. El inspector continuó su reconocimiento rutinario en estos casos, cogió el DNI de otro de los agrupados y lo observó con detalle; mirándolo de arriba abajo, y comentando:

—Miguel March Deyá, de profesión empresario, nacido el día tal, del tal y Pascual…, ¿o sea que tienes treinta años?

—¡Sí, inspector!

—¿Tú no serás hijo del banquero March?

—¡Efectivamente, soy su hijo!

El inspector no quería tener problemas con sus superiores y optó por evitarlos.

—¡Anda lárgate!, ¡y que no te vuelva a ver en un antro como este!

—¡Sí, no me encontrará nunca más en este lugar! ¡Muchísimas gracias!, ¡si alguna vez necesita algo de mí, me encontrará en la Oficina Principal!

—¡Cabo este se marcha a su casa, déjenlo pasar!

—¡A sus órdenes inspector Gutiérrez! —ese era su apellido y como se le conocía.

Al siguiente que le tocó identificarse fue a mi tío Camilo, era la primera vez que le sucedía esto, nunca lo habían “pillado” en una “redada policial”.

—¡Vaya, esta “nenaza” es nueva en la plaza!

Camilo Tal y Tal, de profesión, camarero y de 22 añitos de edad. ¡Pero si eres un “pipiolo”, ¿de dónde coño sales tú, cómo es que no te conozco?!

—¡Se lo puedo explicar señor inspector!

—¡Ni señor inspector, ni leches! ¡Cabo este se viene también con nosotros!

Otro “Gris” lo acompañó al furgón de detenidos. El inspector continuó con sus comprobaciones de identidad del resto de los clientes y, tras soltar a dos más, por parecidas motivaciones como las del hijo del banquero; aumentó la cifra de detenidos a la docena.

Y con ellos en el interior del furgón policial, se los llevaron a la Comisaría; pues en aplicación de la legislación vigente, eran considerados “maleantes”, la norma era «La Ley de Vagos y Maleantes».

¡Pues “mon cheri”!, que los aviones estadounidenses salen de las bases que tienen ellos en España!

…Ya en el interior de la Comisaría, todos fueron conducidos y encarcelados en los calabozos, que estaban situados en el sótano de la misma. ¡Ay si las paredes de estos calabozos hablaran!

Los inspectores, sentados frente a su máquina de escribir, se disponían a cumplimentar las oportunas denuncias:

—Cabo que empiecen a traernos a los detenidos, subid dos cada vez, uno para cada uno de nosotros. —refiriéndose a él mismo y a su compañero, los dos inspectores presentes. Ante uno de ellos, le sentaron al primero de los arrestados:

—Tú eres Fernando Trujillo, veo por tu ficha que ya te han detenido otras veces y, que pasaste por el “Centro de Recuperación de Huesca”, donde estuviste un año.

¡Tú aparte de maricón, eres gilipollas! Al ser reincidente de nuevo, el juez te va a ingresar por lo menos cinco años. ¿Tienes algo que decir?

—¡Yo no he hecho nada malo! Que sea “especial” no debería ser motivo para que me metan en prisión.

—No es una prisión, es un “Centro de Recuperación”, y tú no eres especial, eres un maricón de mierda, degenerado y vicioso. ¡Y las leyes no las escribo yo!

Cabo que bajen de nuevo a éste a la celda. ¡Y que suban a dos más!, veo que mi compañero ya ha acabado con el suyo…

Al poco rato, dos nuevos hombres ocuparon las sillas de enfrente de las mesas de los inspectores.

—¡Hombre el nuevo, el Camilo! —El inspector se había quedado con el nombre de mi tío— ¿Y en dónde trabajas como camarero?

—En la “Cafetería Cristal”, en la Plaza de España. ¿La conoce?

—¡Aquí quien hace las preguntas soy yo!, ¡sólo habla cuando yo te lo diga! ¿Entendido maricona?

—¡Sí inspector!

—¿Con quién vives, sólo o con tu familia?

—Vivo con mis padres.

—¿No eres un poco mayorcito para vivir aún con tus padres?

Aquí mi tío se pensó muy bien la respuesta:

—¡Son mayores y los tengo que cuidar… y también mantener!

—¿Y tu padre no cobra una pensión?

Continuó intentando que el policía se compadeciera de él, pero debía evitar que se enterara de quien era el abuelo y que, había estado en prisión por “rojo”.

—¡No, no tiene ningún ingreso!, estuvo muchos años trabajando en el Norte de África, pero no salió reflejado cuando lo jubilaron.

—No entiendo muy bien cómo va esto de las pensiones, ¡ni tampoco me interesa una “puta mierda”! ¿Deja el rollo de tu familia y dime qué coño hacías en “El Sombrero”?

La táctica del tío había funcionado, la «parábola del buen samaritano» se había adueñado de su espíritu.

—Era la tercera vez que acudía, buscaba a un hombre que me dijo que me daría un trabajo adicional al mío, haciendo extras en su restaurante los fines de semana.

El Inspector de nuevo picó:

—¡Horas extras! ¡Este tío lo que quería era «darte por el culo»!

Mira me has cogido de buenas, y no te voy a fichar, voy a dejar que te marches y regreses a tu casa. ¡Pero te advierto, como te vuelva a coger en un antro, te vas a enterar de quién es el Inspector Gutiérrez…! ¡Cabo, éste que se vaya a su casa!

—¿Lo marcamos antes?

—¡No, en esta ocasión no!

Viñeta satírica de José Guadalupe Posada, dedicada al «baile de los cuarenta y uno», nombre que se le dio a una redada policial realizada en México el 18 de noviembre de 1901, durante el régimen del presidente Porfirio Díaz. Ocurrió en la colonia Tabacalera de la Ciudad de México, contra un baile de hombres que se estaba realizando en la calle La Paz, de los cuales 21 estaban vestidos de hombres y 21 de mujeres. Participaron 42 hombres en aquel baile, pero solo fueron arrestados 41, de aquí proviene el nombre. La prensa mexicana convirtió en un escándalo el hecho, pese a que el gobierno de entonces se esforzó en ocultar el asunto, puesto que los detenidos pertenecían a la clase alta de la sociedad porfiriana. Validando el refrán de: «En todas partes cuecen habas».

…Durante los meses siguientes de ese año del 57, Camilo dejo de frecuentar los lugares de “ambiente”, Pero llegó el verano y la llamada del sexo volvió a sonar y, un fin de semana acudió a una fiesta privada que se celebró al aire libre, en el jardín de un chalé de un acaudalado joyero perista:

—¿Aquí todos somos del “ambiente”?

—¡Sí Camilo, por eso te he invitado!

—¡Ay Manolo! ¡De buena te libraste el día de la “redada” en “El Sombrero”!

—¡Y que lo digas! Cuando yo regresé ya se había marchado el furgón de los “Grises” y estaba cerrado.

—¡Mejor olvidarlo y vivamos el presente! Y… ¿De qué conoces al “anfitrión?

—Se llama Santos, es un reputado perista de la ciudad. Lo conocí hace años en otra fiesta privada que también montó él.

—¿Qué has salido con él?

—¡Qué va! Yo acudí a ella acompañado de “Cholo”, el chico con el que salía en aquella época. ¡Y no! No hemos tenido ningún “rollete” el Santos y yo, sólo amistad, y de ahí que me haya invitado a ésta… y yo a ti. ¡Y ya está, sin problemas!

La fiesta estaba muy bien montada, había hasta una pequeña orquesta, que amenizaba con temas originales del clarinetista “Benny Goodman”.

Pongamos un poco de “Música Imaginaria” del mencionado Benjamín Goodman (1909-1986), que fue un clarinetista y director de orquesta estadounidense, conocido como el “Rey del Swing” (El swing es un estilo de jazz que se desarrolló en los EE.UU a finales de la década de 1920 y principios de la de 1930). Su orquesta tuvo un éxito comercial extraordinario. ¡Vale la pena escucharlo!

—¡Oye Manolo! ¿A dónde van las parejitas, veo que se meten en la casa?

—¡A dónde van a ir!, ¡a follar!, ¿quieres que vayamos?

—¡Si tú quieres, yo también lo quiero!

Los dos cogidos de la mano fueron hacia el interior de la casa. Justo en el gran y concurrido recibidor, nacía una ancha escalera que acababa en la planta del piso; donde estaban las innumerables habitaciones.

Más, la fiesta estaba a punto de aguarse, y no precisamente por causa de la lluvia. Resulta que el joyero, o sea el perista, había apalabrado la adquisición de un gran lote de joyas; que habían sido robadas unos meses atrás, en la mansión de los “Marqueses de Tremolar” en Madrid.

Como la policía lo tenía vigilado constantemente, esperó el momento oportuno para capturarlo con «las manos en la masa». Eran conocedores por un chivatazo, de que esta noche uno de los invitados, que en realidad era uno de los ladrones; le entregaría la valiosa mercancía robada y recogería el dinero acordado como pago:

—¡Observa, gírate con disimulo!, se acerca a Santos un tipo con una bolsa! —El compañero hace lo que le dice y se gira discretamente, esta conversación la mantienen dos hombres que no acaban de entonar en este ambiente.

—Por la foto de su ficha, se parece bastante al “Elogio”, uno de los atracadores.

—¿Y era de fiar la criada que lo reconoció en la foto?

—¡No tenía porque no serlo! De todas formas, saldremos de dudas pronto.

—¡Se marchan juntos hacia la casa! ¡Sigámosles!

Santos y el “Elogio” ya dentro de la casa, entraron en un despacho al que se accedía desde el famoso recibidor; y cerraron la puerta, disponiendo así de la necesaria confidencialidad que necesitaban.

—¡Démosles unos minutos! ¡De ésta nos ascienden!

—¡Y nos dan una medalla! —«Vendían la piel del oso antes de cazarlo».

—¡Hala vamos! ¡Peguémosle la patada al mismo tiempo!

—¡PUM! —puerta abierta— ¡Alto, manos arriba!, ¡si no obedecéis os disparamos!

Tras la sorpresa por la repentina y brusca entrada de los dos policías, venidos de Madrid por el caso, los hombres obedecieron y levantaron las manos. Elogio dejó antes caer la bolsa de piel que debería de contener lo robado.

Los inspectores sacaron sus esposas y los engrillaron, uno de ellos no pudo esperar más y abrió la buscada bolsa. ¡Todo bien! Las joyas están en su interior. —el ascenso y las medallas ya eran suyas.

No iba acabar así de bien la noche para muchos de los invitados, entre ellos Manolo y su acompañante, el tío Camilo.

—¡UUUH, UUUH! ¡TURULU, TURULU! —Sonaron los ensordecedores ruidos de las sirenas, de los múltiples coches de policía y furgones que aparecieron de la nada. Los agentes se desplegaron y de uno en uno, fueron deteniendo a todos los participantes en la fiesta; no tuvieron contemplaciones ni hicieron excepciones:

—¡Venga para el furgón!

—¡Vd. no sabe con quién habla!

—¡Ya tendrá tiempo de explicarse en la Comisaría!

Y para el furgón con él, todos fueron conducidos a la Comisaría donde les estaban esperando. Cuando se preparó la operación conjunta entre las fuerzas del orden de Madrid y Palma de Mallorca, se fijaron unas guardias extras para la ocasión.

La noticia de la recuperación del botín y la captura de los autores, tuvo mucho eco entre la sociedad de la época. No así la otra noticia que les dieron a los abuelos, de la detención de su hijo Camilo. El abuelo no acudió a la Comisaría donde estaba arrestado, «¡que se espabile!», fue la frase con que lo sentenció.

Mi padre y los tíos Eladio y Ramón, estaban haciendo las Américas, el tío Leonardo, estaba en "chirona”; y las tías María y Josefina, estaban casadas y sus maridos les prohibieron ir a visitarlo. El detenido estaba «sólo ante el peligro», como a partir de entonces le pasaría en futuras detenciones que le esperaban.

Si bien, digamos que tuvo un poco de suerte, pues lo habitual es que lo hubieran enviado a un “Centro de Recuperación” a pasar algunos años. Pero para no “eclipsar” la noticia de la recuperación de las joyas, el Gobernador Civil al mando en 1957, Plácido Álvarez-Buylla y López-Villamil, ¡vaya nombrecito! Ordenó liberar a todos los detenidos que no tuvieran nada que ver con el robo o compra de las joyas.

Cumpliendo la orden, fueron puestos en libertad, pero antes les quisieron dejar un recuerdo. Así que tanto el tío Camilo, que esta vez no se libró, como los otros, fueron marcados por su condición de homosexuales; la señal consistía en depilar o cortar a ras, los pelos de una de sus cejas, en concreto la izquierda. Así quedaban “estigmatizados” de cara a la sociedad.

Pudo conservar su trabajo, simulando que se había pegado un fuerte golpe en la cara, cayéndose de una escalera; el propietario de la Cafetería al verle la herida en la frente, que le alcanzaba hasta casi el ojo izquierdo, no dudó ni un momento de la veracidad de la historia; se compadeció de él y hasta le sugirió que se tomara unos días libres, cosa que no aceptó el tío. Su idea de golpearse en la frente con una piedra rugosa y hacerse un largo, pero poco profundo corte, desde la ceja hasta la frente, tuvo su efecto. ¡A lo que tuvo que llegar para camuflar la jodida marca!

…Pasados unos meses, volvió a coincidir con Manolo, pero en esta ocasión en una cafetería donde solía acudir mi tío en su tarde libre:

—¡Ahí Camilo, que alegría!

—¡Hola Manolo! ¿Cómo te encuentras?

—¡Ya se me ha pasado el susto! ¡Tengo buenas noticias!

—¡Ah sí, cuenta!

—¡Ya me ha llegado el permiso de trabajo!, ahora sólo me resta ir al consulado a que me sellen el visado. Y el mes que viene parto hacia mi nueva vida, ¡me marcho a Londres!... Y pienso yo… ¿Por qué no te vienes tú también?, ¿si quieres yo te ayudo a preparar los papeles?

El tío Camilo no se lo pensó para responder, era la oportunidad que estaba esperando para cambiar de vida; pero antes pidió a su amigo una aclaración:

—¿Pero no será con una de esas agencias piratas de colocación? ¡Que me han hablado muy mal de ellas! Te engañan y luego en Inglaterra te sangran.

Estas agencias eran quienes realmente canalizaban la emigración y las verdaderas beneficiarias del mercado de trabajo en “negro”. Facilitaban permisos de trabajo y colocación a los emigrantes a cambio de dinero, hasta 35 libras (En 1965 una Libra esterlina estaba al cambio en 168 pesetas), unas 5880 ptas. Para situarnos mejor y ver lo elevado del pago, un paquete de detergente costaba 8,5 ptas., una camisa 99 ptas., una blusa 265 ptas. Un una lavadora nos costaba 5800 ptas. Y los salarios que se cobraban en España no eran “sobrados” como para semejante desembolso. De 1300 a 1500 ptas semanales, que cobraba un Oficial de 1ª Electricista, a las también semanales de 942 a 1076 pesetas que cobraba una Secretaria.

—¡Por supuesto que no!, que yo ya estoy de vuelta…

—¡Pues, por qué no! ¡Preparémoslos!

Así lo hicieron, contar con la experiencia de Manolo fue de gran ayuda; sólo quedaba que una empresa inglesa, le hiciera la oferta de trabajo para poder solicitar el permiso.

Y eso lo consiguió Manolo a los pocos días de estar en Londres; convenció a un recién conocido, que resultó ser el propietario de una cafetería de moda, llamado Tom, también homosexual; para que se la hiciera. Influenció mucho que al contarle Manolo las experiencias vividas por Camilo, se identificó con él y accedió. Además, le mandó un billete que le conduciría hasta Inglaterra, Tom en la carta que acompañaba al pasaje, le escribió:

«Y quiero que consideres el pago que he realizado del trayecto a Londres, como un anticipo de tu futuro sueldo. No es en absoluto ninguna limosna, tendrás que devolver su importe…/.». —Fue la manera por la que optó para no ofenderle.

Uno de los rasgos principales de la emigración española a Inglaterra era su clandestinidad. La actuación de agencias de colocación, al margen del IEE (Instituto Español de Emigración), producía un desfase entre las entradas reales de emigrantes y la emigración asistida, superior al 80%.

Por ejemplo, en 1969 el IEE cifraba las entradas en 941 frente a las 7.290 registradas por las autoridades británicas. Estas agencias eran quienes realmente canalizaban la emigración española a Inglaterra y las verdaderas beneficiarias del mercado de trabajo negro. Facilitaban permisos de trabajo y colocación a los emigrantes, a cambio de dinero.

Arriba una vista del “Tower Bridge”, el Puente de la Torre de Londres, identificativo al cien por cien de la ciudad de Londres e Inglaterra. ■

…Por pocos días, Camilo no llegó a conocerme ese año de mi nacimiento. ¡Se lo disculpo porqué fue por una buena decisión que tomó! Irse a vivir a Londres.

En Inglaterra estuvo muchos años, aunque de vez en cuando realizó varios viajes de regreso y estancia en Mallorca; se vio obligado a realizarlos para cumplir con las leyes de inmigración inglesas. Que exigían que los trabajadores extranjeros salieran del país cuando finalizaban sus permisos de trabajo y no los podían renovar, al no encontrar uno nuevo (trabajo) en un breve espacio de tiempo.

En los cortos días que duraron estas estancias en la isla, aprovechaba para renovar papeles y algo más… En el último de ellos, acudió a una nueva sala de baile, habituada principalmente por homosexuales. Con tan mala leche, que le tocó vivir de nuevo otra redada policial. Y aún más, dirigida por un conocido suyo… el cabrón del inspector Gutiérrez:

—¡Coño que casualidad, Camilo! ¡Ya sabía yo que eras un puto mariconazo! ¡Esta vez no te libras de ir a la cárcel! —Camilo se quedó sin habla, todo se iba a la mierda— ¿Qué, «te ha comido la lengua un gato»?    

Ahora si contestó:

—¡Señor Gutiérrez, ya no vivo aquí, desde hace años vivo en Londres!

—¡O sea que ahora eres una “fairy”! Pues “fairy” o maricón, te vienes conmigo igual, o sea ya sabes ¡Al furgón!

De nuevo sus huesos acabaron en el calabozo del sótano de la Comisaría, al rato vino un guardia que lo trasladó a una especie de habitación que solían usar como sala de interrogatorio. Como mobiliario sólo había una mesa y varias sillas; en un costado había un lavabo, y junto a él un barreño con algunas toallas. Lo que no encajaba era una argolla sujeta al techo… 

Pasada una hora, por la puerta apareció sólo. el inspector Gutiérrez; que no tardo en hacerle una proposición:

—¡Vamos a ver “fairy”! ¡Hasta dónde estás dispuesto a llegar para que no te mande a la cárcel!

—¡Cualquier cosa, no puedo ir a la cárcel y estropear mi vida actual!                           

—Escoge… ¡Me haces una mamada!, o… ¿te doy una buena paliza?

El inspector daba por hecho cual sería la elección, pero para su sorpresa:

—¡Prefiero la paliza! —Esta respuesta encolerizó a Gutiérrez, que sujetando una cuerda la pasó por la argolla y se la ató a sus muñecas. Estirándola después, obligándole así a levantar los brazos y mantenerlos sujetos:

—¡Te vas a enterar maricón de mierda!, ¡me vas a rogar que te deje chupármela!

Sacó una de las toallas del barreño y, la empapó de agua en el lavabo. Luego la enrolló y la cogió fuertemente con su mano, su arma de castigo estaba lista.

—¡PLAFFF! —fue el sonido de la toalla estampándose en la espalda de Camilo.

—¡Ay! ¡Me has hecho daño cabrón!

—¡Pues no he hecho más que empezar!

—¡PLAFFF, PLAFFF, PLAFFF! —Sin parar le fue atizando con ella, el tío no dejaba de lamentarse por el dolor que estaba sufriendo.

—¡Ay, ay… Ay! —Tales eran sus gritos, que el otro inspector entró en el cuarto en auxilio del “fustigado”.

—¡Para Gutiérrez que lo matas! —Al tiempo que lo sujetaba, cosa que le resultó bastante difícil, pues el verdugo estaba ofuscado y enloquecido. Pero logró pararlo.

—¿Qué te pasa, te has vuelto loco?

—¡No te preocupes que no le quedaran marcas!

—¡Marcas, pero si debe de tener los huesos rotos!

—¡No es para tanto!

—¡Anda Gutiérrez, vete a tu casa, yo me encargo de él!

No dijo nada más el verdugo, salió por la puerta y desapareció. Ya solos, el inspector lo descolgó y a «duras penas», lo llevó hasta una improvisada enfermería que tenían habilitada en otra dependencia próxima.

Allí estuvo acostado en una cama, donde permaneció durante dos días. En este tiempo fue reconocido y curado por un médico. Mis abuelos pensaron que estaría pasando unos días con algún amigo, por lo que no le dieron más importancia a esta desaparición esporádica.

El tercer día entró en la “enfermería” el inspector que le salvó.

—¡Vamos Camilo, te vas a casa! He borrado el ingreso de tu detención, esto será como si no hubiera ocurrido.

—¡De eso nada, quiero denunciarlo!

—¡Tú eres gilipollas, te recuerdo que eres homosexual!, ¡y aquí en España esto es un delito! —el inspector no buscaba la mejor solución para Camilo, lo que temía era que denunciara a su compañero y sus superiores abrieran una investigación de lo ocurrido— ¡Olvídate de lo que ha pasado y vuelve a Londres! No te conviene tener un enemigo como Gutiérrez, y si te fichamos, aparte de ir a la cárcel, te puedes olvidar de sacarte el pasaporte en un futuro.

Este razonamiento le convenció, olvidó su idea de venganza y se marchó de regreso a casa de los abuelos. Allí pasó los días que le quedaban de asueto. Cuando llegó el día de su partida, salió disparado hacía su país adoptivo, el Reino Unido.

Hasta primeros de 1964, y ya cumplidos los 29 años, no regresó a este país, conocido también como “La piel de toro”. Así nos bautizó el geógrafo griego Estrabón hace ya más de 2.000 años.

Estuvo cerca de medio año en casa de los abuelos, y llegado el verano, marchó de nuevo. Una incidencia en su permiso de trabajo, le hizo volver al poco tiempo, coincidiendo con mi regreso a mi casa; después de estar unas semanas ocupando su habitación en su ausencia durante la duración de las obras en mi casa

Todo indicaba que de nuevo le esperaba un mal vivir, pero pudo solventar las anomalías y partir de nuevo hacia Londres.


…El regreso definitivo, se produjo ya fallecido Franco (El 20 de Noviembre de 1975). Mucho había cambiado este país, y lo que cambiaría en los años siguientes. Camilo encontró un clima más benevolente con los homosexuales, pero aún no se podía «salir del armario». El tío ya era un recién estrenado cuarentón y con sobrada experiencia para no meterse en líos. Encontró un trabajo y se fue a vivir a un piso de alquiler, no volvió a vivir con los abuelos. Con el resto de la familia tuvo muy poco roce, salvo en una ocasión que vino a visitar al abuelo, en los meses que vivió el carabinero con mis padres. Lo vimos también en el funeral del abuelo; y luego no supimos más de él en los años venideros.

Edificio de los Juzgados de la Ciudad.

EPÍLOGO DE CAMILO:

…Ya llegado 1994, Camilo rondaba los sesenta; un amigo mío vinculado al Ministerio de Justicia, me informó de algo que le concernía:

—¿Tu tío se llama Camilo Tal y Tal y tiene 59 años?

—¡Pues sí!, lo de la edad no lo sé muy seguro, pero si es su nombre.

—Es que repasando un caso que ha entrado cuando estaba de guardia, me he percatado de que podía ser familiar tuyo. Recordaba los apellidos de tu padre… y lo he relacionado.

—¿Y qué ha hecho, supongo que nada bueno?

—¡Apuñaló a su compañero, le metió varias puñaladas!

—¡Coño! ¡¿Y lo ha matado?!

—No las heridas no eran muy profundas, ya está fuera del hospital.

—¿Y a él le pasó algo?

—¡Sí! Algunos cortes en la cabeza.

—Y “X”, ¿cómo ves el asunto, irá a la cárcel?

—Habrá que ver que podemos hacer para que el fiscal no acuse, parece ser que discutieron por los alquileres que se debían, su compañero de piso y pareja, según sus declaraciones, fue el primero que le agredió; rompiéndole una botella en la cabeza y, a los segundos ya estaban ensalzados en una pelea. El apuñalado es mucho más joven que tu tío.

—¿Y eso tiene mucho que ver? 

—¡Pues nada! Te lo comento por curiosidad…

—¡Que jodido eres! ¿Me podrás mantener informado de cómo va? Sobra decirte que hagas lo que puedas para que salga lo mejor parado de todo esto.

—¡Sí hombre, por supuesto!

Pasados unos meses, mi amigo “X” me hizo de ver:

—¡Bueno tu tío es un hombre con suerte!

—¡Poca suerte ha tenido el pobre desgraciado en su vida!

—¡Pues esta es una de ellas! El fiscal no acusará, cierran la causa y no irá a más, lo han considerado como una reyerta dentro de la convivencia de una pareja.

—¡Pues menuda reyerta! ¡Pero por suerte ha acabado bien para el tío!

—¡Ten!, está es su dirección, vive en un piso de la “Plaza Jinetes de Alcalá”.

Cogí el papel con los datos y me lo guardé, durante los días siguientes pensé en ir a verlo, pero… ¡No lo hice! Esta fue la última vez que supe cosas de él. Supongo que en la actualidad estará ya muerto…, ¡aunque no tengo ninguna seguridad de ello! ■

FIN DEL CAPÍTULO 14

Una fotografía de una playa de Mallorca. Los Arenales de la Costa española, islas incluidas, se pusieron de moda en aquellos años y ya no dejaron de estarlo, en lo que sería ya conocido como el "BOOM TURÍSTICO".

En esta ocasión, a su regreso al hogar, trajo la famosa maleta cargada de cosas:

—¡Esto para mi mujercita! —Con el regalo se firmó la paz entre el matrimonio— Y esto, ¡para Isa!, ¡y esto otro para Leo! —Y así un regalo para cada uno de nosotros. ■


LOS ESPAÑOLES QUE EMIGRARON A EUROPA


Según las cifras oficiales del Instituto Español de Emigración (IEE), entre 1959 y 1973, emigraron al continente europeo un millón de personas (1.066.440). El 71% del total de los que salieron de España con diferentes destinos en el mundo, en esos quince años. El desplazamiento medio anual de ese periodo fue de 73.000 personas.

El perfil medio del emigrante era de Jóvenes entre 25 y 29 años, con predominio de los varones, llegando hasta el 84 %. De los cuales el 70% estaban casados y casi la mitad de ellos procedían de realizar trabajos en el campo.

Sobre la mitad de ellos, salieron con un contrato establecido entre el Instituto Español de Emigración y las autoridades de los países receptores, por un periodo inicial de un año. Si bien los datos oficiales no recogen que muchos emigrantes salieron de España clandestinamente, bien utilizando los contactos en el extranjero de familiares y paisanos; o captados por redes de emigración ilegales. Que les proporcionaban el transporte y les ofrecían trabajo, en muchas ocasiones engañoso. Como media emigraba un 51% más que las controladas por las autoridades.

Desplazamiento de un grupo de emigrantes con los escasos bienes que les acompañaban en su aventura...

Hubo unos cuatro periodos migratorios: Entre 1961 y 1964, fue una etapa de crecimiento sostenido de la emigración. De 1965 a 1968, se redujeron las salidas y aumentaron los retornos de los emigrados. De 1968 a 1973, otra etapa de emigración masiva. E iniciándose con la crisis mundial del petróleo de 1973 y que duró hasta 1977, vino una nueva etapa de retorno masivo de trabajadores emigrados y con escasísimas salidas de nuevos.

Estas oscilaciones se relacionan con etapas de crecimiento económico o de crisis de los países receptores. Desde el 73 el retorno tomó visos de definitivo.

La crisis económica de 1973, llevó al desempleo a más de cuatro millones de trabajadores de los nueve países de la CEE (Mercado Común Europeo), entre ellos estaban los receptores de emigrantes: Alemania, Francia e Inglaterra.

Las autoridades de estos países decidieron recortar o incluso suprimir la emigración, salvo para sus ciudadanos. Dando prioridad a los trabajadores en paro frente a los extranjeros, y no renovar los contratos de trabajo, por lo general de un año.

Alemania lo hizo en noviembre de 1973. Francia en Julio de 1974, salvo a los que realizaban trabajos temporeros en la agricultura (la vendimia). Y Suiza, que se unió a la misma política de la CEE unos meses después, a partir de agosto del 74, dificultó mucho la entrada de emigrantes.

Comparando el conjunto de inmigrantes españoles, con la población total y la población activa de los países receptores, se observa la importancia que tuvo su presencia en determinadas épocas. En Suiza llegaron a representar al 2,22% del total de la población, pero casi el 4% de la activa.

Los tipos de contrato de trabajo, cuando se formalizaban, eran los “Contratos anuales renovables” y los “Contratos temporales”. En Francia y en Suiza abundaban este tipo de acuerdo, pues la clase de trabajo era principalmente en la agricultura. A Francia acudían familias enteras, que iban a la recolección y nunca estaban fuera más de tres meses, y por lo general dos.

En Suiza los contratos temporales eran más largos, de 7 a 8 meses, los inmigrantes se dedicaban a la construcción o la hostelería. La mayoría de los inmigrantes eran varones y casados, como consecuencia de las dificultades que ponían sus autoridades (suizas) para la reagrupación familiar, permaneciendo sus familias en España. (Fuentes: Instituto Español de Emigración (IEE) e INTEF). ■ 

FIN DEL CAPÍTULO 13


Capítulo extraído de la novela: “Querido Chato”

para Queseenteren


TIENES A TU DISPOSICIÓN TODAS ESTAS MANERAS Y EDICIONES PARA LEER ESTA NOVELA BIOGRÁFICA:

SI DESEAS LEER ESTA SIMPÁTICA NOVELA DESDE UN "eREADER" (DISPOSITO DE LECTURA DE LIBROS ELECTRÓNICOS (ebook)).

LA TIENES A TU DISPOSICIÓN EN "AMAZON".

TIENES DOS VERSIONES:

LA CONVENCIONAL (Portada en color ROJO); y la ILUSTRADA (Portada en color AZUL).

Si ya eres usuario o cliente de "Amazon", UNA MANERA RÁPIDA DE LOCALIZARLO ES, PONER EN EL BUSCADOR O LUPA de "Amazon", el nombre del Autor:

Antonio G. Noguera

y TE LLEVARÁ A LA ZONA DE AMAZON DE ESTE ESCRITOR, DONDE PODRÁS SELECCIONAR O ESCOGER, EL LIBRO DE TU INTERÉS ESCRITO POR ÉL.

PARA HACERLO MÁS FÁCIL; A CONTINUACIÓN, TE OFRECEMOS UN BOTÓN DE ENLACE DIRECTO CON AMAZON, PÚLSALO Y ACCEDES:

(ES TOTALMENTE SEGURO:  https://www.amazon.com/stores/Antonio-G.-Noguera/author/B00IQAOOLW?ref=ap_rdr&shoppingPortalEnabled=true&ccs_id=7cfed15e-3528-425c-9490-df29679fc9f1 ).



EL "ebook" tiene un equivalente a 1171 páginas de un libro impreso en papel, y su precio es ¡¡¡SUPER REDUCIDO!!! Cuesta sólo 3,42 €. (euros).

Y antes puedes DESCARGARTE UNA EXTENSA MUESTRA DEL LIBRO ¡¡¡GRATUITAMENTE!!!

Para que te sirva para "valorar" la novela biográfica.


TAMBIÉN PUEDES ADQUIRIR ESTA NOVELA IMPRESA EN PAPEL

POR SÓLO 29,90 €.

Gastos de Envío, con entrega en tu domicilio y mediante correo certificado, a nuestro cargo

COMPRA TOTALMENTE SEGURA Y PERSONAL

Características:

Libro en Tapa Blanda con Solapas │ Ancho 17,85 cm X Alto 25,25 cm │ Encuadernación Eco PUB papel de 300 gr. │ 768 Páginas en B/N de 90 gr.


Todos los derechos de esta novela están reservados.

No se permite su reproducción en ningún medio ya sea escrito, radio, televisión e Internet sin autorización previa del autor de la obra.

Si se autoriza reproducir un pequeña parte de ella para efectos de promoción, crítica o similar objeto.

 

Inscrito en el REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL:

Número de Asiento Registral : 05/2023/121 Nº 00765-01261862

Depósito Legal: AS 02505-2023