La narración de la primera aparición de un “fantasma”en una casa, nos llegó por una “carta” de hace 2000 años.
Fue la que le escribió “Plinio el Joven” a Lucio Licinio Sura, amigo personal de Trajano

Grabado de Cayo Plinio Cecilio Segundo conocido como “Plinio el Joven”.
Gracias a una inscripción honoraria conservada en la ciudad de Milán, aunque procedente de su “Como” natal, datada entre 111 y 114; entre otras fuentes, conocemos la carrera de Cayo Plinio Cecilio Segundo, más conocido como “Plinio el Joven” (61-113 d. C.), quien fue sobrino e hijo adoptivo de "Plinio el Viejo" (autor de la “Historia Natural”). Linaje que le llevó a ascender en su “cursus honorum” a “cónsul suffectus” en el año 100 y posteriormente, a gobernador de la provincia romana de Bitinia (antiguo reino localizado al noroeste de Asia Menor y al suroeste del mar Negro), desde donde envió la famosa carta.
Y que no fue la única, fueron numerosas y conocidas como las Epistulae (Epístolas); la mayoría eran correspondencias mantenidas con el emperador Trajano.
Que nos sirvieron para conocer, además de esta historia “fantasmagórica”, otras que, contaban y reflejan la sabiduría de este hombre que, fue el primero en describir la fenomenología volcánica a través de la erupción del “Vesubio”, considerado por muchos como el precursor de la moderna vulcanología. Y también el primero en adoptar una postura de prudencia y expectación frente a los procesos abiertos en contra de los cristianos, cuando era gobernador de Bitinia.
Y volviendo a nuestra “epístola” de este artículo de "Queseenteren", UNA CARTA FANTASMAGÓRICA,
decir que, pertenece a la carta nº 27 del libro VII. Y destinada, como ya se ha comentado, a Lucio Licinio Sura, amigo personal del emperador Trajano, cónsul tres veces y originario de Tarraco (Tarragona), en la que narra una serie de extraños sucesos:
«Los anteriores propietarios huyeron presas del terror, al presenciar el deambular de un supuesto espectro que se aparecía; la imagen del fantasma tenia la apariencia de un anciano flaco y desdichado, con barba larga y cabello erizado, vestido con ropas andrajosas y llevando un caminar lento y pesaroso, debido a que llevaba grilletes en los pies y cadenas en las manos que agitaba y sacudía delatando su presencia de lejos...».
UNA CARTA FANTASMAGÓRICA
«...Et mihi discendi et tibi docendi facultatem otium praebet. Igiturperquam velim scire, esse phantasmata et habere propriam figuram numenque aliquod putes an inania et vana ex metu nostro
imaginem accipere».
...El presente descanso del trabajo que estamos disfrutando te permite el placer a dar, y a mi a recibir, instrucción. Por tanto estoy extremadamente deseoso de saber si crees en la existencia de fantasmas, y que tienen una forma real, y son un tipo de divinidades o solo las impresiones visionarias de una imaginación aterrorizada.
Primera historia, aparece una bella mujer

Lo que me inclina particularmente a creer en su existencia es la historia que he oído de Curcio Rufo. Cuando él estaba en malas circunstancias y era desconocido en el mundo, acompañó al gobernador de África en esa provincia.
Una noche, mientras caminaba en el pórtico público, se le apareció ante él la figura de una mujer, de tamaño inusual y de belleza sobrehumana. Y mientras él permanecía allí, aterrorizado y sorprendido,
ella le contó que era el poder tutelar que presidía sobre África, y había ido a informarle de los futuros sucesos de su vida: que debía volver a Roma, a disfrutar allí de sus altos honores y volver a la provincia investido con la dignidad proconsular, y allí debería morir.
Realmente sucedió cada circunstancia de la predicción.
Se ha llegado incluso a decir que en su llegada a Cartago (actual Túnez, Africa), mientras desembarcaba, el mismo personaje (la mujer) se encontró con él en la costa. Es cierto, al menos, que habiendo sido presa de la enfermedad, aunque no hubo síntomas en su caso que le llevaran a la desesperación, perdió instantáneamente toda esperanza de recuperación; juzgando, aparentemente, la veracidad de la parte futura de la predicción por aquella ya cumplida, y de la desgracia inminente de su antigua prosperidad.
Segunda historia, alma en pena

Casa Encantada de Atenas.
Ahora, la próxima historia que voy a contarte tal y como la he oído, ¡no es más terrible que la anterior, aunque igual de maravillosa!
Había en Atenas una casa amplia y espaciosa que tenía mala fama, por lo que nadie podía vivir allí. En la oscuridad de la noche, se solía oír un ruido, recordando el golpeteo de un hierro, que, si escuchabas más atentamente, sonaba como el traqueteo de cadenas, distante al principio, pero aproximándose gradualmente; inmediatamente después aparecía un espectro en forma de un anciano, de apariencia extremadamente demacrada y escuálida, con una larga barba y un cabello despeinado, agitando las cadenas de sus pies y manos.
Los angustiados ocupantes pasaban mientras tanto las noches en vela bajo los terrores más espantosos imaginables.
Esto, como perturbaba su sueño, arruinó su salud, y acarreando desequilibrios, su terror creció sobre ellos, sobreviniendo la muerte. Incluso durante el día, aunque el espíritu se desvanecía, la impresión permanecía con tal fuerza sobre sus imaginaciones que aún se conjuraba ante sus ojos, y los mantenía
en alarma perpetua.
Por ello, la casa quedó vacía duraderamente, al considerarse inhabitable; por lo que ahora estaba completamente abandonada al fantasma. Sin embargo, con esperanzas de encontrar algún inquilino
ignorante de esta circunstancia tan alarmante, se colocó un cartel, señalando que se alquilaba o vendía.
Sucedió que Atenodoro [Atenodoro Cananita, un filósofo griego perteneciente a la escuela estoica, basada en su sistema lógico y sus puntos de vista sobre el mundo natural. Los estoicos creían que todo alrededor operaba según una ley de causa y efecto], el filósofo, llegó en esta época a Atenas y, leyendo el cartel, indagó sobre el precio.
El precio extraordinariamente bajo levantó sus sospechas; no obstante, cuando oyó toda la historia, más que desanimarse se vio aún más inclinado a alquilarla y, en resumen, así lo hizo.
Cuando se acercaba la noche, ordenó que se le preparase un diván en la parte frontal de la casa y, tras pedir una luz, junto con su estilete y tablillas, indicó a toda su gente que se retirara. Pero para que su mente no pudiera, por falta de actividad, ser susceptible a los vanos terrores de ruidos imaginarios y espíritus, se dedicó a escribir con la mayor atención.
La primera parte de la noche pasó en completo silencio, como siempre; se oyó rechinar el hierro y el traqueteo de cadenas con detalle; sin embargo, ni levantó sus ojos ni dejó su estilete, pero, para mantener la calma, se convenció que los sonidos eran de otra cosa.
El sonido aumentaba y avanzaba más cerca, hasta que parecía en la puerta, y al final en la cámara.
Levantó la mirada, vio y reconoció el fantasma exactamente como se lo habían descrito: se levantaba frente a él, señalando con su dedo, como una persona que llama a otra.
Atenodoro en respuesta hizo una señal con su mano para que esperara un poco, y volvió su mirada a sus escritos; el fantasma entonces agitó sus cadenas sobre la cabeza del filósofo, que levantó la mirada por ello y, viendo la seña como antes, se levantó inmediatamente y, luz en mano, lo siguió.

Ilustración de Henry Justice Ford de 1900.
El fantasma avanzó lentamente, como si sobrecargado con sus cadenas y, volviéndose hacia la zona de la casa, desapareció súbitamente.
Atenodoro, habiendo quedado solo, hizo una marca con algo de hierba y hojas en el punto donde le dejó el espíritu.
Al día siguiente dio la información a los magistrados, y les aconsejó que punto debían cavar. Se actuó en consecuencia y se encontró allí un esqueleto de un hombre con cadenas; ya que el cuerpo, habiendo permanecido un tiempo considerable en la tierra, estaba putrefacto y separado de sus grilletes.
Los huesos, siendo recogidos juntos, se enterraron públicamente, y así tras aplacarse al fantasma con las ceremonias adecuadas, la casa ya no estaba encantada.
Creo esta historia basándome en el crédito de otros; lo que voy a mencionar, te lo doy por mi cuenta. Tengo un liberto (Esclavo a quien se ha dado la libertad, respecto de su patrono) llamado Marco, que no es para nada analfabeto. Una noche, mientras estaba acostado con su hermano menor, le pareció ver a alguien sobre su cama, quien tomó unas tijeras y cortó los pelos de la parte superior de su propia cabeza y, por la mañana, parecía que su pelo había sido realmente cortado, y los pelos se encontraban esparcidos por el suelo.
Tercera historia, extraños cortes de pelo
Poco tiempo después, un suceso de naturaleza similar contribuyó a dar crédito a la historia anterior:
Un muchacho joven de mi familia estaba durmiendo en su apartamento con el resto de sus compañeros, cuando entraron dos personas vestidas de blanco, como dice, por la ventana, le cortaron su pelo mientras yacía y luego volvieron de la misma manera que entraron.
A la mañana siguiente se descubrió que sobre este chico habían actuado igual que con el otro, y allí estaba el pelo de nuevo, desperdigado por la habitación.
Nada importante sucedió tras estos suceso, excepto quizás que escapé de un juicio, en el que, si Domiciano (durante cuyo reino sucedió) hubiera vivido un poco más, es seguro que debería haber
estado implicado. Ya que tras la muerte de ese emperador, se encontraron artículos de acusación contra mi en su escritorio, que habían sido exhibidos por Caro.
Puede por tanto conjeturarse, dado que es costumbre dejar crecer el pelo a las personas bajo cualquier acusación pública, este corte del pelo de mis siervos era una señal de que debo escapar el peligro inminente que me amenazaba.
Déjame desearte entonces que hagas de esta pregunta tu madura consideración.
El tema merece tu examen; ya que, confío, no soy totalmente indigno de la participación en la abundancia de tu conocimiento superior. Y como debes, como siempre, equilibrar entre dos opiniones, espero que te inclines más por un lado que por el otro, para que, mientras te consulto para resolver mi duda, me despidas en el mismo suspense e indecisión que te ocasionó la presente solicitud. Adiós.
«Licet etiam utramque in partem - ut soles - disputes, ex altera tamen fortius, ne me suspensum incertumque dimittas, cum mihi consulendi causa fuerit, ut dubitare desinerem. Vale».
LAS EPÍSTOLAS DE PLINIO
Estan agrupadas en nueve libros, al que se añadió un décimo libro que contiene la correspondencia con Trajano.
Se trata de 247 cartas sobre diversos temas de orden social, literario o político.
Unas veces referidas a un evento histórico contemporáneo, otras a una discusión desde el punto de vista moral de un problema.
Está estructurado artísticamente. Su cuidada elaboración literaria y la limitación de cada una de estas cartas a un solo tema, hacen pensar que fueron escritas como composición literaria. ■
Artículo de “El Coleccionista”
para Queseenteren


